sábado, 23 de mayo de 2020

23 mayo 2020, el fascismo en la calle.



Aplacar las vísceras cuando ves a los privilegiados gritando "unión nacional", envueltos en la bandera que según la Constitución representa ta todos los españoles, convirtiéndola en símbolo del fascismo español; cuando miras a los toreros en sus mansiones y sus grandes fincas escribiendo con faltas de ortografía y pidiendo que el gobierno se ocupe de la cultura porque el toro es cultura; cuando escuchas a los empresarios decir que no aceptan que se retire una Ley de Reforma Laboral creada por un gobierno ignominioso y ladrón contra el pueblo, y lo hacen pretendiendo dar un tinte moral a su discurso, usando un partido político de izquierdas y vasco para resucitar a ETA de entre los escombros; cuando oyes a los nuevos líderes políticos del parlamento hablar de moros malos, de feministas contagiadoras de pandemias; cuando ves las colas de paisanos esperando horas para recoger una bolsa de comida; cuando escuchas a locos gritando sus verdades absolutas a traves de Youtube; cuando lees una prensa que ha dejado cualquier intención de informar mediante la búsqueda de la verdad de los hechos para manipular a los desesperados y usarlos como refuerzo en el grito "Vivan las cadenas" ... aplacar las vísceras es muy difícil, un objetivo que requiere leer a Marco Aurelio en silencio y en soledad, mucho más difícil para las personas que nos tomamos la vida con pasión, y sin embargo, ahora más que nunca ,dominar esas entrañas que se revuelven y rabian es una obligación respecto a una misma y respecto a quienes necesitan serenidad para organizar el caos en el que, concienzudamente, nos están metiendo. Se han tirado al fango y nos esperan en el fango, pero no vayamos, usemos la palabra con todo su poder asesino y demoledor, y mediante la palabra organicemos y respondamos, y mediante la palabra dirijamos las pisadas o las zancadas, los caminos y las metas; no la abandonemos jamás porque solo la palabra con todas sus posibilidades, la conversación, la tertulia, el diálogo, el encuentro aplaca esas vísceras que están buscando para convertir este país en una ciénaga


Y en principio fue el verbo, nos cuentan los mitos, el logos, uno de las palabras más importantes en la formación de la actitud racional del mundo.: el pensamiento, la razón, el habla, el discurso, el concepto, la palabra, el conocimiento...

Recurramos al logos como la herida al tratamiento médico o nos vamos a pique en la barca de los locos.

jueves, 21 de mayo de 2020

Reflexiones sobre los abanderados de Salamanca.



Vivimos inmersas en el todo, necesitamos la luz del sol, el aire, el agua y el alimento. Todo pasa por nuestro cuerpo y vuelve a la naturaleza, y un día será nuestro cuerpo el que se convierta en aire, agua y comida. El día en que ya no haya consciencia de ser, seremos pero de otro modo.
  No podemos vivir fuera de nada, desde el momento en que tenemos que respirar y comer. somos dependientes de todo. Respiramos partículas de aire que respiraron los egipcios del tercer milenio antes de nuestra era, de las griegas que paseaban por la Acrópolis y los esclavos que remaban en las galeras; todavía quedan restos de orina de dinosaurio en el agua que bebemos, y en nuestro miedo permanece el miedo de las criaturas de las cavernas a los gritos y aullidos en la noche.
 
 No podemos ser seres completos estando aislados y no se puede disfrutar un momento de felicidad sin estar completo. Toda nuestra felicidad como seres envueltos por esa gran ola que fue la vida y que se inició casualmente hace millones de años, depende del equilibrio de afuera, de saber que hay sol, aire y agua para todos, porque las otras criaturas son parte de ese todo en el que estamos inmersos.
Cuando comenzamos a acumular mercancías y a arrebatarlas a otros construimos un muro entre nosotros y los demás, al separarnos de lo que somos creamos una creciente insatisfacción vital que pretendemos llenar con más objetos y eso nos lleva a fortificar el muro porque tenemos miedo a que nos quiten nuestros objetos. Aislados de nuestra esencia nos convertimos en seres desgraciados y esclavos lo que nos convierte en crueles contra los que están al otro lado del muro.
Nos reímos de los que hoy gritan en las calles ricas de Madrid porque son ridículos porque por salvar una vajilla de plata pueden matar a mil de su especie  y no hay nada  más grotesco que matar por tener piedras de colores,  nos reímos porque se desligaron de esa gran y magnífica ola que es la vida y que nos lleva a todos hacia el infierno o la gloria, pero nadie escapa de sus dictados.


Nota: Uso el masculino genérico por cuestión de estilo pero cuando lean nosotros deben entender que en nosotros hay MUJERES.

martes, 14 de abril de 2020

Literatura y epidemias: Saramago "Ensayo sobre la ceguera"


Las fotos que se comparten en las redes sociales sobre ciudades despobladas con grandes avenidas desiertas y calles silenciosas, en algunas de las cuales se han atrevido a adentrarse animales a la búsqueda de alimento o movidos por la curiosidad; nos traen a la realidad escenarios que solo habíamos imaginado leyendo novelas o visto en el cine.
Milán, Nueva York, Madrid, Barcelona, Roma, Londres son hoy ciudades fantasma, lugares distópicos donde todos lo sueños de la humanidad parecen haber colapsado. 
Muchos páginas han surgido del relato de pasadas o hipotéticas futuras epidemias. Me vienen a la cabeza el Edipo de Sofocles que nos muestra una Tebas asolada por la enfermedad, (las fiebres tifoideas que devastaron Atenas, según estudios científicos posteriores) el Éxodo bíblico que describe el horror de las plagas enviadas por Dios sobre Egipto; en El decamerón Boccaccio dibuja una Nápoles asolada por la peste bubónica mientras un grupo de privilegiados huye a una mansión del campo donde creen que se mantendrán a salvo de la enfermedad;no les puede alcanzar ; el mismo esquema seguirán Los cuentos de Canterbury sobre el escenario de la peste en Londres, tema tratado también por Daniel Defoe; también Camus toca el tema de la peste en su novela homónima, pero una peste contemporánea en una ciudad semejante a las que vemos hoy; La máscara de la muerte roja de Allan Poe se centra en un grupo de burgueses que danzan disfrazados tratando de no ser encontrados por la enfermedad que supone la muerte; el protagonista de Muerte en Venecia de Tomas Mann va tomando conciencia, junto a su dilema personal con la belleza represetnda por el joven Tadzio, de los cambios que se van produciendo en la ciudad debido a la llegada del cólera; también Yan Lianke nos narra la llegada de una terrible epidemia a la aldea Ding donde unas espantosas fiebres hacen caer a sus habitantes como hojas de un árbol y Saramago en su Ensayo sobre la ceguera del que trata este artículo tocará de un modo magistral la condición humana durante una epidemia . 
La novela nos transporta a una ciudad en donde una extraña enfermedad, una ceguera blanca, muy contagiosa, se extiende de un modo misterioso e incontrolable. La ciudad no tiene nombre, solo es el escenario de la tragedia que viven los personajes afectados por la dolencia. Tampoco los personajes tienen nombre, porque la enfermedad ha robado cualquier rasgo individual o personal convirtiéndolos a todos en ciegos.
También nosotros tenemos un paciente cero sin nombre: un hombre en un mercado chino, un inglés de vacaciones en Valencia, un alemán, un grupo de esquiadores en Austria, un turista en Milán y cuando el virus se extiende los enfermos pasan a ser la los contagiados, los contaminados o los infectados; somos los viejos vulnerables, los jóvenes seguros o la población de riesgo. Nuestra posición en el mundo se reordena de acuerdo con la agresividad del virus. 

La novela comienza en un semáforo en rojo en donde un hombre espera junto a otro grupo de automovilistas, en una mañana que parece normal como cada mañana, hasta que el semáforo se pone verde y todo cambia. Empieza la historia.
El hombre no arranca el coche ante el enfado de los otros conductores. Alugnos de ellos salen de sus coches y se acercan para ver qué sucede y entonces descubren la verdad: el hombre se ha quedado ciego. 
Las reacciones son el enfado porque el incidente impide que la vida continúe su ritmo normal; la condescendencia, personas que le animan buscando explicaciones absurdas del tipo "serán los nervios" para confortarlo y , sobre todo, la indiferencia. 
Cuando supimos que el paciente cero estaba en China no nos importó, no nos podía afectar ni cambiar nuestra normalidad. Somos una sociedad acostumbrada a la indiferencia, miramos sin preocuparnos como se derrite el hielo del Antártico, como bombardean países y sus habitantes se ahogan en el mar y cerramos nuestras puertas a quienes huyen de la miseria. La indiferencia con la que el mundo recibe la ceguera es la misma con que nosotros miramos al paciente cero y escuchamos las noticias que nos llegan de la lejana China. Incluso hacemos chistes racistas sobre el virus y los chinos. 

El hombre acude al médico, quien no encuentra una razón para la repentina ceguera y queda fascinado por el caso. El médico representa la ciencia que se muestra más interesada en la investigación de un nuevo virus que en la situación del enfermo. 
Pero todo cambia de un modo radical cuando al día siguiente el médico, los automovilistas que estuvieron cerca del ciego y los pacientes que estaban en la consulta mientras el paciente cero esperaba, advierten que se han quedado ciegos.
La sociedad asustada por el contagio los aísla, los encierra en un edificio medio en ruinas que fue un antiguo manicomio. Dos metáforas de la degradación y la locura que les espera en el confinamiento.
El coronavirus ha convertido estornudar en una agresión o dar un paseo en un ataque criminal. Nadie quiere formar parte de los contaminados. Todos quieren ser los normales, aunque no tengan nombre y sean personajes dentro del escenario de sus balcones: El que corre, la que saca el perro de madrugada, el que canta, el que cuenta chistes, el personal sanitario, los empleados de los supermercados o los que desinfectan quieren seguir perteneciendo a la cotidianidad de ayer aunque eso ya es imposible.

Los ciegos encerrados reciben alimentos que el gobierno les proporciona con la esperanza de que todo pase, es decir que se curen o se mueran, y la vida vuelva a su curso de siempre.
Es lo que todos deseamos, por eso estamos confinados, atendiendo órdenes humillantes de un estado de alarma que socava la dignidad humana. Acatamos cada día de encierro a la espera de que la vida vuelva por sus derroteros para empezar a construir el futuro; que se cure quien se tenga que curar y se muera quien se tenga que morir. 

En el manicomio comienza a emerger una sociedad nueva alejada de toda regla de comportamiento ético. Se forman dos grupos: uno en el que se encuentra la mujer del médico que es la única persona inmune a la enfermedad y que se hace pasar por ciega para ayudar a su marido, recayendo sobre ella la responsabilidad de ser los ojos de una sociedad ciega y de salvar la historia para la posteridad, y otro grupo, mucho más agresivo y malvado, que no duda en usar la violencia para acaparar los alimentos.
El primer grupo solo quiere comer pero el segundo quiere apoderarse de todo cuanto sea posible, no solo para comer sino para especular con la necesidad.

Hemos visto estantes vacíos en los supermercados, gente en largas colas para llenar los carros de productos de primera necesidad en un ataque de pánico a la escasez, sin preocuparse por la carencia que provocan a quienes vengan a comprar después. Hemos visto como el miedo acaba con el sentimiento colectivo y surge un individualismo egoísta. Comerciantes que disparan los precios de productos acuciantes para la protección de la población, productores que acaparan material, países que requisan aviones al paso por sus fronteras, empresarios que llaman a los periodistas para anunciar que van a donar una miseria en comparación con lo que van a ahorrar en impuestos por su buena acción. 
También la epidemia del coronavirus ha dividido el mundo entre los que solo quieren comer y los que quieren hacer negocio, exactamente como nos lo cuenta magistralmente Saramago.

Poco a poco, a medida que la plaga se extiende, los ciegos se van hacinando en el edificio y la sociedad nueva que han creado, sin más regla que la supervivencia, se va haciendo más violenta y degradada hasta llegar a la pérdida total de la dignidad. 

Hasta que, agotados por el denigrante encierro que les ha convertido en bestias, los ciegos del manicomio deciden salir a pesar de arriesgar sus vidas y la de los demás. L que encuentran es un mundo post-apocalíptico en el que todos están ciegos y la maldad y el egoísmo rigen los comportamientos. 

Una vez fuera de esos días de confinamiento todos seremos ciegos, deberemos llevar máscaras, no podremos reunirnos con amigos, ni hace protestas por nuestros derechos, porque el derecho de reunión seguirá suspendido y aunque todos esperamos regresar a la normalidad, sabemos que esta ya no puede llegar porque el virus la destruyó. 
El virus se irá como se fue la ceguera , pero nos quedará el miedo al futuro, que es esa ciudad de los ciegos de Saramago donde todos saben, a pesar de ver, quienes son, lo que pueden llegar a ser y que un día cualquiera alguien no podrá arrancar su coche cuando el semáforo se ponga verde.

Hemos sido cosificados mas que nunca con el virus, hemos sido privados de nuestra libertad, hacinados, encerrados, tratados como reclusos y cuando hemos salido a pasear hemos aceptado ser controlados, por la policía, increpados por los vecinos, observados ojos que enloquecen tras las ventanas. Hemos perdido nuestra dignidad, , hacinados en salas de pesadilla, enfrentados solos a la muerte. Decía una enfermera que los cadáveres son lavados con lejía y metidos en cajas sin nombre.  
De este mundo saldrá algo nuevo. Hay un sentimiento de fin de un tiempo, los economistas hablan de ritmo rápido de la historia, del fin del neoliberalismo, los científicos de una oportunidad para salvar el planeta del aniquilamiento, los gobiernos hablan de esfuerzo, y mientras tanto soplan fuerte los aires del noefacismo: la ciudad salvaje de los ciegos acecha y de nosotros depende en este periodo histórico más que no sea cierta esa frase terrible que nos deja Saramago en su magnífico Ensayo sobre la ceguera. 

martes, 14 de enero de 2020

El bosque




Hoy he paseado por el bosque  en silencio, mirando y escuchando.
  Y  me he acordado de aquel hombre ruso, Grisha Perelman,  que vivía en su pequeña casa junto a un bosque por el que caminaba todos los días. Cuando no estaba en su bosque, estaba jugando con las matemáticas  y allí entre otras cosas resolvió la Conjetura de Poincaré,  propuesta un siglo antes.  Pero en lugar de llamar a las grandes instituciones y dar discursos después de los premios y las medallas, se limitó a colgar su solución en una revista científica de internet. Gratis y generosamente. No estaba interesado en la fama ni en el dinero. Este es el prototipo de persona libre.
Un bosque y una pasión no puesta en el otro sino dentro sí mismo  y por lo tanto,  en el todo.
    La felicidad está ligada a ese todo, solo se puede ser feliz en una armonía con el todo. Quien rompe con ese equilibrio destruye toda posibilidad de ser feliz.
 Los millonarios, que levantan muros y  se aíslan de los demás seres humanos e incluso los aniquilan si es necesario, no pueden conocer la felicidad. Solo pueden comprar cosas caras. Su frustración crece como sus cuentas bancarias.
 Cuando uno de estos seres a medias aparece pavoneándose por que puede tener "todo", no ha entendido nada. Ese todo es algo de lo que él mismo se han sustraído. No  pueden tener el bosque de Perelman aunque lo compre.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Viaje a Marte







Aquel invierno no tuvimos nieve,
las montañas permanecieron negras
y los cielos pardos.
Llovió casi todos los días,
las nubes venían en feroces falanges,
y soplaban furiosos los vientos
Los árboles resistían 
porque soñaban con la primavera.
Regresó el fascismo aquel invierno,
con sus manos de hielo, 
y le construimos un palacio
con puentes levadizos, 
con profundos fosos y 
oscuras mazmorras. 
Quizá porque como los árboles
creíamos que abril aún existía.
Aquel invierno unos millonarios
organizaron el primer viaje a Marte
en una nave con todos los lujos. 
Se celebró la Navidad
como si no pasara nada.
Las ciudades se llenaron de lucesy en el "hall" del Kempinski Hotel Bahía
se decoró un árbol con diamantes, 
mientras los locos bailábamos
sobre la acerada hoja de un cuchillo.
Aquel invierno yo estaba viva
y escribía versos al filo
de la belleza.
Mirando la niebla. 
Mirando las ruinas.
De eso hace hoy,
exactamente,

ciento doce años.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Una mano grabada en la roca, un plátano pegado a la pared.

Cuando en las escuelas o en las universidades nos hablan de arte prehistórico, observamos un tipo de expresión artística simple, unas huellas de manos en una pared, unos animales deformados, unas figuras esquematizadas.
   Aprendimos todo eso y no lo discutimos. No preguntamos el motivo de que esos dibujos infantiles formasen parte de la historia del arte.
No hay nada que requiera menos conocimiento técnico que empapar una mano en sangre de animal o cualquier otro colorante natural y estamparla sobre la pared o simplemente dibujar su contorno. Un niño lo hace sin enseñanza previa.
 Entonces,  ¿ por qué es arte?
  Es muy importante esta pregunta en este contexto, porque el arte no es una habilidad técnica sin más, aunque las habilidades técnicas sean una vía que facilita la expresión artística. Sin ellas es posible que en determinadas ramas artísticas no se logre la comunicación deseada.
    No discutimos la inclusión de estas obras en la historia del arte porque no es algo que nos afecte directamente, porque los medios de comunicación no ponen carnaza cuando critican a una criatura prehistórica tratando de expresarse a su modo.
 Si nos vamos al arte románico , no consideramos especialmente difícil hacer una copia de estas obras. Siguen teniendo algo infantil,  siguen pareciendo algo fácil de hacer. Sin embargo no discutimos su inclusión en la historia del arte.
 Las manos de Santo Tomas Becket parecen dibujadas por alguien que ignora como pintar una mano correctamente. En cuanto a la nariz, las cejas, los ojos... ,nosotros mismos podríamos hacer un retrato semejante sin haber aprendido mucho de dibujo en ninguna institución de enseñanza. Pero nadie discute hoy día que este santo que recibe un corte con una espada sin inmutarse,  sea arte.
  Nos han dicho en las escuelas que tanto las manos como el santo no necesitan más virtuosismo técnico porque era lo que el artista quería expresar, y no nos preguntamos si el artista lo hizo así porque no sabía hacerlo mejor o si dejó de lado sus destrezas para centrarse en su mensaje.
  Las manos quieren decirnos, soy humano, tengo manos y dedos para crear y he estado aquí. Las manos nos llevan más allá de la realidad cotidiana de cazar, comer, recolectar, aparearse, defecar y dormir. Nos hablan de unos animales nuevos que quieren comunicar algo diferente, algo misterioso que vive en su interior, una necesidad de sacar a la luz lo oscuro. No hablamos de belleza, la belleza es un concepto que no siempre ha existido. Hay lenguas que carecen de este vocablo, y sin embargo sus culturas han creado fantásticas obras artísticas.
 El hombre atacado por la espada quiere contar a un pueblo iletrado el modo en que los santos fueron sacrificados en nombre del Dios que debe ser venerado. Santo Tomás llega a los sentimientos más profundos del ser humano creyente para arraigar en los lugares más recónditos de su humanidad las creencias religiosas.
   Hasta las vanguardias decimonónicas no se pone en tela de juicio si una obra sea arte o no aunque sea una pieza simple y  " que haría un niño", pero cuando llega la fotografía y acaba con todo el sentido del arte como representación lo más aproximada posible de la realidad y el arte pierde su sentido. Para qué las Meninas si una cámara puede hacer lo mismo en menos tiempos, si el artista solo debe situar a las personas en su justo orden y disparar.
  El arte ha hecho todo lo que tenía que hacer antes de la fotografía y ahora se presenta un arte que tiene que reinventarse a sí  mismo, definirse de nuevo , deformando la realidad, descomponiéndola, esfumándola o simplemente haciéndola desaparecer.
  Un  camino pedregoso ese de "todo vale".
   Pero es realmente el arte contemporáneo un "todo vale" Yo no lo creo.
 El arte contemporáneo es lo que es nuestro tiempo. Todo es mercancía. El arte también. Todo es efímero, el arte no se hace para perdurar, se hace para que el espectador sea el mismo arte.
 Los 4,33 minutos de John Cage al piano sin tocar el piano,es una obra maestra. Porque la obra no es su virtuosismo al piano, sino el silencio y los ruidos que siguen a su obra sin música. El arte es la tos, el cuchicheo del público, el murmullo, el crujido del papel cuando se hojea...



Ahora vamos a Cattelan, por segunda vez lo tenemos aquí por escandaloso. Pero no ha sido Cattelán quien ha creado el escándalo. El ha presentado su performance. Su banana en una pared, que no significa nada, comida sujeta a una pared con una cinta adhesiva, cualquiera pudo haber hecho eso en el museo como una broma a la broma del arte. Pero he aquí que alguien paga, y aquí empieza la obra de arte. Cuando se paga y los medios de comunicación se lanzan a criticar, a ridiculiar, a reirse del arte, a negar el arte, a atacar el arte, a copiar el arte.
 La Gioconda ha sido copiada mil veces, gorda, mecanizada, despeinada, con vaqueros, en un grafitti, en un plato de pasta, desnuda, sucia, con la cabeza afeitada... La Gioconda nos impresiona a la mayoría porque nos han enseñado en la escuela que es una obra de arte, una cumbre del arte, y dejando aparte que lo sea o no, no nos han enseñado las herramientas para discutirlo.
  El plátano de Cattelán se ha convertido en toda serie de objetos pegados a una pared, en una revolución mediática, en una discusión pública sobre el papel del arte contemporáneo, el cuestionamiento mismo de que  sea arte.... Esas copias, esos discursos, esas críticas es la obra de Cattelán, que sale de la pared y se convierte en otras obras, en discusión y reflexión.
El plátano es la expresión de los privilegios en el arte. pero una mueca absolutamente pertinente. 
La pieza se titula Comedian y nos  lleva al año 1999 cuando el mismo Cattelán presentó A perfect day , en la que una escultura de silicona, muy realista, a tamaño natural de un hombre es sujetada con cinta grís a un muro.  El comediante, el artista pegado a la pared, la obra que se rie del arte no permanente. La banana da un paso más. Se va a pudrir, se paga por un momento, no por la obra.
  A los medios les parece ridículo un plátano real, si fuese un plátano de plástico seguro que hubiese tenido menos impacto. Los medios, la masa ha funcionado como desconocedora de la historia del arte y ante el desconocimiento tenemos el desprecio y la risa. 

  Como en la mano de la pared a la que no le cuestionamos su estatus de arte, en este caso tampoco nos hacemos la pregunta principal: 
¿Porqué debe importarle a la prensa  que un artista realice una obra en aras de su  libertad creativa y por qué  cuestiona que alguien a quien le sobre el dinero compre una obra efímera cuando es lo que hacemos todos cada día?

  La aristocracia mundial luce tiaras de diamantes, usa millones de las arcas públicas en mostrar su poder. Las tiaras son mucho menos valiosas para la vida que un plátano, pero esto no parece interesarle a la prensa.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Las lolas

LAS LOLAS





LEANNE, DEJAME CONTARTE UNA HISTORIA





Historia de INDAI SAJOR

Escrito por LOLA TUDING 




Introducción 

Esta carta fue escrita por una antigua «mujer confort» filipina, de setenta y nueva años de edad, a una niña de diez, hija de una mujer cuyo trabajo –en el campo de la violencia contra las mujeres en situaciones de guerra y conflicto armado –exige frecuentes viajes. Leanne es la hija menor de Indai Lourdes Sajor, Directora Ejecutiva del “Asian Center for Women’s Human Rights

En 1993, Indai Sajor entabló un juicio en un tribunal de un distrito de Tokio a favor de cuarenta y seis demandantes filipinas, todas sobrevivientes de la esclavitud sexual militar por el Ejército Imperial Japonés durante la Segunda Guerra Mundial
Gertrude Balisalisa, o Lola Tuding, como se le llama con cariño, es la segunda mujer confort filipina en salir a la luz pública, en 1992, para hablar de las atrocidades sufridas por ella en manos del Ejército Imperial Japonés. 

Ella entabló el juicio Artículo 4 DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS 100 en Tokio con las otras mujeres confort filipinas

Tiene setenta y seis años y vive sola, medio tullida, en una pequeña casita. Su ambición en la vida era ser abogada. 

La historia de Lola Gertrude Balisalisa, o Lola Tuding, ha sido documentada por la NBC, en Estados Unidos, y por NHK, en Japón. 

Desde la edad de cuatro años, Leanne asistía con su madre a innumerables acontecimientos de apoyo al caso de las mujeres confort filipinas.

Por esto, las Lolas (abuelas) han llegado a considerarla como una nieta. 

Sus historias durante la guerra son bien conocidas por Leanne. 

Hoy ella tiene diez años y continúa visitando, con su madre, a las Lolas.

La demanda por compensación y reparación por los crímenes de guerra contra el gobierno japonés fue declarada sin lugar por el tribunal de distrito de Tokio el pasado 9 de octubre de 1998. 

El juez que presidía rehusó aceptar y analizar el caso, a pesar de seis años de audiencias, testimonios y opiniones de personas expertas en Derecho, afirmando que no existía base legal para las demandas de las víctimas, aún bajo la legislación internacional humanitaria. 

Las demandantes desde entonces llevaron el caso a la Alta Corte de Justicia de Tokio. 




Este revés no ha desanimado a las mujeres de continuar. 

En agosto de 1996, en Pampanga (al norte de Filipinas), Indai, por medio de ASCENT, encabezó la investigación y documentación de los testimonios de 80 mujeres, víctimas de violación de grupo y esclavitud sexual militar del Japón durante la Segunda Guerra Mundial. 

ASCENT las organizó, bajo el nombre de las Lolas de Malaya, y demanda justicia, reparos legales, rendición de cuentas del Estado y compensación legal a su favor
La presidenta de este grupo es Lola Tuding. Recientemente se han descubierto investigaciones y documentos de guerra que detallan el involucramiento de Japón en las violaciones tumultuarias de la mujeres en Mapanique. 




13 de julio, 1999 

Querida Leanne

Desde la última vez que te ví, he estado pensando en cómo pasas el tiempo después de tus actividades diarias, cuando por fin estás sola y tu madre se encuentra lejos, en lugar de estar contigo, escuchándote contar tus actividades y problemas del día. Habrás imaginado cómo te podría ella haber ayudado a sobrepasar las dificultades, y cómo ambas podrían reirse de tus historias divertidas, o llorar de lo triste; y cómo juntas podrían haber pasado tantas horas de alegría y satisfacción la una en brazos de la otra. Ay Leanne, yo he experimentado la misma soledad, la misma sensación de tristeza, darme cuenta que quizá nunca vea a mi familia otra vez. 




Déjame contarte una historia, Leanne. 




Justo antes de la Segunda Guerra, yo estaba casada con un ingeniero civil y vivíamos en Manila. Teníamos dos hijos y yo creía que siempre sería feliz con mi familia. En 1944, mi marido fue asignado Ingeniero de Distrito en Camarines Sur, una provincia grande en la Región Bicol. Nos fuimos de Manila con él. Poco tiempo después, una unidad del Ejército Japonés aterrizó en la capital, Naga. No pudieron entrar a sus cuarteles ya que el más largo puente de la región, que tenían que cruzar, había sido bombardeado por las guerrillas locales. Inmediatamente a mi marido el comandante le encargó reparar el puente. Después de varios meses estuvo terminado, pero el comandante dudaba de su fuerza. Ordenó traerme a mí y se nos obligó a pasar el puente muchas veces antes de que el comandante estuviera satisfecho. Ese incidente llevó a mi captura. Esa fue la primera vez que el comandante me vió. Después de varios días, cuando me quedé sola en la casa con mis hijos y su nana, el comandante japonés llegó y sin mucho rodeo, me ordenó irme con él. En ese tiempo, nadie podía rechazar a un japonés. Aunque yo no quería dejar a mis niños, no tuve otra opción. Primero me llevaron a un lugar en Albay, llamado los Cuarteles de Regan, el campamento militar de la región Bicol; luego, pasada la medianoche, nos fuuimos a una zona boscosa hacia Camarines Sur, en dónde el comandante japonés tenía su unidad, la cual me parecía un centro de mensajes. Me informó que yo sería su mujer confort personal, pero que si durante la semana él tenía visitantes, oficiales de otras unidades, también tendría que servirles a ellos como tal. Las lágrimas y las súplicas no lo conmovieron. Más bien, me pegó con fuerza. Yo me sentía muy sola, especialmente en las noches. Lloraba y extrañaba a mis hijos. Extrañaba tanto a mi familia! Dejé de comer y de hacer lo que se me ordenaba en protesta. Como respuesta, recibí torturas mentales y físicas. Mi único recurso era la oración. Me obligué a comer comida medio cocinada para sobrevivir. La tortura física no la recibía sólo del comandante,  sino también de sus visitantes cuando estaban disgustados conmigo. Uno de ellos me dio una fuerte patada con sus botas cuando una vez me vio llorando. Me dio en la columna vertebral, y hasta este día, estoy parcialmente discapacitada y padezco dolores físicos. A una de las mujeres confort del campo la mataron a sangre fría cuando trató de llamar la atención de la guerrilla que pasaba. Esto me hizo abandonar mi idea de escapar. Este tipo de prisión continuó por más de un año. Después de cinco meses más de vida tortuosa en el campo, escuché un día el sonido de aviones sobrevolando el campo. Cuando me asomé a la ventana ví cómo caían muertos soldados japoneses. Luego, el comandante recogió a toda carrera los papeles de su escritorio sin siquiera mirar atrás, salió y se montó en su camión y huyó despavorido del campo. A estas alturas ya no quedaban soldados. Las otras chicas salieron de sus chozas. Juntas corrimos hacia el camino que llevaba al pueblo. Me separaron de las otras chicas. Cerca del camino, oí que se aproximaban motores pesados. Al acercarse, vi que eran vehículos americanos, la primera vez en mi vida que yo veía jeeps. Uno se detuvo. Después de explicar mi situación al oficial a cargo, me dejó ir con él a los cuarteles Regan que los americanos habían recuperado. Ahí me dieron otra muda, tratamiento médico y me alimentaron. Después de más o menos una semana, le rogué al comandante que me llevara a casa. Estuvo de acuerdo y me mandó con dos soldados a mi hogar en Naga, Camarines Sur.

Cuando llegué, mi marido estaba ahí. En frente de los soldados americanos me dió una cálida bienvenida. Cuando ellos se fueron, se volvió hacia mí fríamente, me enseñó un cuarto separado y sin ninguna expresión en su rostro, me dijo que ya no podría vivir conmigo igual que antes porque el no quería sobras del ejército Japonés. Prohibió a mis hijos venir a verme. Fue muy cruel. Me silenció, me sacó como un mueble. Pero cuando tenía necesidad de mí, entraba por la noche a mi cuarto y, de nuevo, yo era una mujer confort. Esta vez para mi propio marido. De esta manera, tuve dos hijos más. Poco después que mi cuarto niño nació, a mi esposo lo asignaron ingeniero de distrito en Davao. Nos llevó a todos allá, en dónde tenía un hermano abogado a quién yo todavía no había conocido. Después de varios meses en Davao, me espanté un día al regresar a casa del mercado, pues encontré mi casa vacía y en desorden. Mis cuatro hijos no estaban, y sólo estaba mi marido. Me informó que por fin, los había separado de mí. Dijo que yo no era una buena madre para ellos. Me dió cincuenta pesos y se fue sin más. Busqué ayuda de la policía, sin éxito. Solicité a una trabajadora social que me devolviera a Manila. Cuando llegué allá, el Alcalde, quien entonces era el Alcalde Villegas, me empleó como trabajadora social en el ayuntamiento. Cuando su período expiró, lo mismo sucedió con mi contrato. Opté por dar lecciones privadas para mantenerme. 


 Esta fue mi vida durante varios años, hasta que una noche, antes de dormirme, eschuché una voz femenina en la radio, avisando a las escuchas que si ellas o alguna conocida habían sido víctimas de las Fuerzas Armadas Japonesas durante la guerra, nos presentáramos en la oficina que se había establecido para ayudar a las sobrevivientes de esclavitud sexual de las milicias japonesas. La voz era de Lola Rosa Henson, la primera mujer confort filipina en salir a contar su historia. Respondí a su llamado y me presenté en la Oficina de Fuerza para las Mujeres Confort Filipinas. Ahí fue en dónde conocí a tu madre, Leanne, y a través de ella me enteré de que yo era la segunda sobreviviente con valor suficiente de salir a la luz pública. Fue por ella que logré ese valor, y desde entonces mi vida ha cambiado. Ahora empiezo a tener esperanzas de una justicia tardía, ahora sueño que algún día muchas personas, en especial mis hijos, se darán cuenta de que lo que nos sucedió en el pasado no fue nuestra culpa, sino que la Segunda Guerra destrozó la vida de millones de personas, entre ellas la mía. Fue tu madre, Leanne, quien me inspiró para tener esperanza. Como miembra de la Oficina de Fuerza de las Mujeres Confort Filipinas llegué a entablar un juicio contra el gobierno japonés. Conocí a personas que están en los grupos japoneses de solidaridad con las mujeres confort, quienes también son buenas y sinceras en su intención de ayudarnos y reparar los crímenes cometidos por sus gobiernos. Más adelante, junto con tu madre Indai, fundamos las Lolas Malayas. Todo esto me llevó a conocer a tu madre, y luego a tí, Leanne. Artículo Hasta el día de hoy extraño profundamente a mis hijos. No los culpo. Su padre los hizo odiarme. Como él lo dijo, fuí deshechada como una sobra del gobierno japonés. Ahora vivo sola. Cada vez que te veo, Leanne, siento el raro gozo de tener una niña que escuche mis historias, que ría y llore conmigo. Esta experiencia me fue robada para siempre por los soldados japoneses, por mi propio esposo y mis propios hijos. Pero tu me haces recordar. Así que recuerda, Leanne, no eres la única que ha sufrido momentos de dolor cuando añoras la compañía de tu madre. Recuerda que alguien más siente lo mismo, aún ahora en sus fantasías. Ella sabe lo que es extrañar a sus seres amados a quienes tuvo en los brazos hace mucho mucho tiempo, y a quienes extrañará en cada momento del resto de su vida. Gracias, querida Leanne, por reparar la falta de mis niños en todas las maneras tan dulces en que lo haces. Que dios te bendiga por esto. 



Con mucho amor, Lola Tuding