lunes, 8 de junio de 2020

Razas y racismo



Un policía blanco pone su rodilla sobre el cuello de un hombre negro y aprieta hasta asfixiarlo. Los negros gritan, indignados, en contra de la discriminación racial.
Algunos blancos se les unen, agunos latinos también y algunos asiáticos. 
  Lo vemos así, como en una película. Los seres humanos diferenciados por su asepcto fisico y especialmente por el color de su piel .

En la gran tierra de la libertad existen castas y existe el cine. 
Las castas son estables y coindicen con las divisiones que las razas establecieron  en el siglo XVIII.  Los WASPs están en la cúspide, tienen el poder económico y el político y tienen Hollywood que nos cuenta que un hombre negro del Bronx puede llegar a ser millonario.

Black Lives Matter es el lema de los luchadores contra el racismo. Si ha sido la comunidad "negra" quién ha decidido usar ese cartel, el cartel es válido. Porque las víctimas tienen derecho de apropiarse de las palabras que las han denigrado para dignificarlas y portarlas con orgullo, como un arma.

Las palabras tienen un poder inmenso incluso las más inocentes. Decimos un policía blanco, un hombre negro, unos latinos, unos asiáticos. Estamos estableciendo dos grupos, uno diferenciado por el color de la piel y otro por el origen. 
Mezclamos raza y  procedencia en la descripción de los otros. Los periódicos políticamente correctos y los diarios de noticias en todo el mundo hablan de un hombre "afroamericano" marcando su descendencia como un elemento primordial en su existencia, mientras al policía es solo americano. 
 El policía mató a un hombre, pero no a un hombre cualquiera, lo mató por el color de su piel. Lo mató porque era negro.  Aquí es donde Black livet mattes. 
  
La raza no se puede negar como concepto discriminatorio ni se puede borrar de la historia. 
 Existen los negros americanos y existen los blancos americanos porque son historia y cada uno lleva la suya. 

 La raza es una construcción política y social que sostiene un ideario relaconado con la segregación bajo la superioridad del hombre blanco;  y a pesar de los avancees de la ciencia  el concepto de raza ha conservado su funcionalidad: diferenciar, segregar, tergiversar al "otro" y así racializar las relaciones sociales y económicas. 

 Ni  siquiera en la etimología de la palabra raza encontramos un acuerdo sobre su significado
 Algunos abogan por una derivación de la palabra latina ratio - tipo o variedad- y otros apoyan una derivación del árabe ras -cabeza-  Otros establecen que en realidad el vocablo surgió en Italia y España en el siglo XIV para hablar de crianza de animales, referida a estirpe o linaje. 


La raza es una creencia no una evidencia científica. 

Esta creencia ha variado su contenido a lo largo de la historia, desde considerar que unos hombres por el color de su piel o la forma de su nariz o boca podía ser inferiores intelectualmente y más cercanos a los simios;  a admitir que no hay otra diferencia entre las razas que el aspecto físico y que las diferencias y aptitudes psicologicas o de comportamiento por lo tanto todas las razas deben convivir en paz .
Ambas teorias parten de una premisa falsa. La existencia de razas humanas. El racismo no se extermina con discursos superficiales sobre hermandad entre todos los colores. El racismo se ataca desde la raiz, desde la disepción de la palabra "raza" y el conocimiento de su historia.

El concepto no ha sido siempre el mismo, como sucede con toda construcción social. 

No he leído mucho y lo dejo en tema pendiente, sobre si pudo existir un "racismo" en la Antigüedad, entre los egipcios y los esclavos, pero si lo existió no fue basado en el color de la piel sino en las relaciones guerreras.  El concepto "romanización" implicaba un proceso de asimilación cultural  por el cual numerosas regiones bajo el poder político de Roma adoptaron sus instituciones, costumbres, organización social y su lengua, cualquiera podía ser romanizado, el color de la piel no se menciona como inconveniente.
  
  En cuanto a la Edad Media algunos autores defienden un proto-racismo en la limpieza de sangre española y la raza de la nobleza francesa. 
    
    Los progroms de 1391 contra la población judía conllevó a conversiones en masa por parte de la comunidad serfadí , conversiones que fueron mucho más masivas trás el Edicto de Expulsión de los Reyes Católicos en 1492. 
  Se puede hablar de racismo en la violencia de los cristianos contra los judios, o simplemente de una manipulación de las masas a la búsqueda de un chivo expiatorio para sus males debido a la crisis del siglo XIV , las guerras civiles castellanas y la peste devastadora peste de 1348 . Algunos actuaron movidos por la idea de castigo divino por permitir la existencia de jugios entre ellos, se les acusó de envenenar pozos para propagar la peste y acabar con la cristiandad, pero no había en la animadversión una idea de raza como la que tenemos hoy. 
La existencia del "converso" dió al cristiano viejo superioridad por la sangre. De hecho  con el fi n de impedir a los judeoconversos el acceso a instituciones del poder y de la cultura se decretaron los “Estatutos de Limpieza de Sangre” en 1449 que  prohibían el acceso a colegios mayores, órdenes militares, monasterios, cabildos catedralicios y a la propia Inquisición, a aquellos cristianos a los que se les pudiese comprobar sangre “judía, mora o hereje” en sus antepasados , es decir el linaje y la exitencia de no judios o musulanes en el árbol genealógico iban a ser dedicisivos para abrir puertas en la sociedad. 
  La sociedad “cristiana vieja”  tenía miedo de una  asimilación judeoconversa y la existencia de ese miedo era porque tal situación se estaba produciendo. A  través de la limpieza de sangre el antijudaísmo clásico fue objeto de una metamorfosis: de un “antijudaísmo religioso” se transformó en un antijudaísmo religioso-racial  El concepto de “limpieza” desplaza parcialmente la religión como criterio de diferenciación y, por primera vez en la historia europea, engloba dos criterios fundamentales con el fin de marginar: “raza” e “impureza” 

En el debate llevado a cabo en el Cabildo Catedralicio de Toledo en 1547, en relación con la implementación de los “Estatutos de la Limpieza de Sangre”, el arzobispo Juan Martínez de Silíceo utilizó por primera vez el término “raza” en el contexto de la limpieza de sangre. 
  "Raza en los linages se toman en mala parte, como tener alguna raza de Moro, o Judio”  La idea de que la “sangre judía” de los “cristianos nuevos” conservaba su carácter deshonesto, corrupto y degenerado fue el modo de protegerse de los cristianos viejos.  A través de un discurso teológico también se pudo fabricar un determinismo biológico en detrimento de personas que se calificaban como “impuras” y, en consecuencia, como “inferiores” por tener antepasados judíos o musulmanes. 

    En la  Francia de los siglos XVI y XVII aparece otra variante de raza no como sinónimo de una ascendencia maculada, sino como defensa del orden estamental.  
  A partir de la primera mitad del siglo XVI y en razón de la movilidad social,  amenazante para la nobleza, se enfatizó con más ahínco que “race” era la premisa inamovible para pertenecer a la nobleza.   Race significaba linaje y, a través de éste, se heredaba la superioridad del noble ante el Tercer Estado. 

 Este discurso de autolegitimación hacía hincapié en que la nobleza debía percibirse como una realidad natural e histórica, con génesis en los francos a cuya "raza" pertenencían. Esa realidad era natural e histórica con carácter universal, independiente de tiempo y espacio.  
El racismo estamental no estaba relacionado con el racismo antropológico, tampoco con el nacionalismo del siglo XIX; de hecho, era la plena expresión de la aristocracia con tendencias antinacionales y antiburguesas.  Su objetivo era el hermetismo social para salvaguardar sus privilegios y su estatus económico.

  Pese a sus diferencias los idearios de raza en Francia y España funcionarion como ente segregacionista, uno contra minorias religiosas y otro como arma para frenar el tercer estado.



 La conquista de América y el contacto de los europeos  con otras culturas transoceánicas enfrentarán  al europeo al concepto de la otredad, donde lo otro era lo negativo y lo propio lo positivo.

 En este contexto se construye por primera vez el término “raza” con el significado contemporáneo: desde este momento operará como un criterio seudocientífico para clasificar a los seres humanos en diferentes grupos a través de características fenotípicas. 

François Bernier en el siglo XVII acuña por primera vez el término con este significado Hasta entonces , los geógrafos se habían limitado a dividir la Tierra según los diferentes países y regiones que en ella se encuentraban. Bernier afirma que en sus observaciones en el curso de sus viajes ha llegado a la conclusión de que los hombres son diferentes por la forma del cuerpo y el rostro despendiendo de las regiones de la Tierra, y que estas diferencias pueden dividirse en cinco “especies o razas”. Por primera vez se intentaba ordenar y sistematizar la diversidad humana con base en el aspecto externo del cuerpo y del rostro. 
Bernier elaboró así la categoría científica, criterio que poco después habría de ser utilizado para formular las escalas jerárquicas de la humanidad. 

 En el siglo XVIII  el médico sueco Carlous Linneo publicó en su obra “Systema naturae” en la que desarrolló el sistema de la taxonomía  Siguiendo las categorías aristotélicas, Linneo ordenó los reinos (animal, vegetal y mineral) en cinco taxones: clase, orden, género, especie y variedad. 
 El naturalista pretendía describir, distinguir y dar nombre a cada una de las especies y géneros, poniendo de manifiesto el orden divino.
  El “Sistema naturae" fue creciendo en contenido y en páginas hasta llegar a añadir elementos espirituales y culturales a las características físicas. 

   La variedad del homo sapiens se evidencia según Linneo en el color de la piel, el cabello, los ojos, la forma de la nariz, la postura del cuerpo, el carácter, el temperamento, el espíritu, el vestir y las tradiciones, lo que da lugar a  cuatro “razas" : Europaeus albenses, Americanus rubescens, Asiaticus fuscus, Africanus Níger. Cada raza tenía un carácter y una personalidad. 
  El europeo blanco era de carácter sanguíneo, corpulento y estaba gobernado por las leyes; el americano rojo era colérico, erecto y estaba gobernado por las costumbres ; el asiático amarillo era melancólico, rígido y estaba gobernado por las opiniones  y el  africano negro era flemático, laxo y gobernado por la arbitrariedad. 
  Linneo une la fisonomía y la patología humoral de Hipócrates y Galeno, relacionando el espíritu con la apariencia física.
  Ese vínculo entre la fisonomía y la moral tenía ya una profunda tradición en Occidente. En la antigüedad griega se había propiciado el principio de Kalokagáthía, según la cual no podía existir la belleza, si no se condicionaba con saludable y, por tanto, tampoco existía un estado de salud o bondad si no existía la belleza
   El simbolismo medieval del color operaba como trasfondo cultural para relacionar valores, colores y seres humanos. En ese entonces, los colores no eran pigmentos observables objetivamente; ante todo, el color se asociaba con idearios y valores religioso-morales. Desde la antigüedad el color blanco se ha relacionado con lo bueno, lo bello y lo divino, el negro con la amoralidad, la perversión y lo diabólico. Esta fuerza simbólica repercutió evidentemente en la taxonomía de Linneo

  La innovación para la historia del racismo fue la de hilvanar “científicamente” un simbolismo de colores con posibles cualidades o defectos de los grupos raciales, iniciando un proceso de adscripción de pigmentación  y moral, que no era más que un discurso ideológico. Para darle veracidad lo enmascararon  de empirismo epistemológico y de  positivismo científico. 

  A pesar de su subjetividad su impacto en la historia fue determinante.  Ordenó los saberes, prefiguró los esquemas perceptivos ante el prejuicio y la alteridad y, por último, le suministró legitimidad a través de la ciencia taxonómica. En suma: Linneo había desarrollado una estética y una valoración racista al ordenar y al disciplinar los saberes. 
   La pigmentación de la piel planteada por Linneo (blanco, rojo, amarillo y negro) no se puede comprobar a través de la epidermis: la piel oscura, con referencia a la menos oscura, no es negra; al igual que la piel clara, con referencia a la menos clara, tampoco es blanca; y hablar de piel amarilla o roja; sin embargo fue su ordenamiento del saber fue aceptado durante siglos sin oposición alguna. 

 Los colores postulados por Linneo, aunque no se reflejan en la piel, se reflejarán desde el siglo XVIII en las estructuras, las normatividades, las relaciones sociales y las mentalidades. 

La ficción racista  respecto al otro se convirtieron, de esta manera, en una realidad no disctubible a pesar de que las crónicas de conquistadores y viajeros esbozaban una realidad muy diferente. 

  Aunque no se conserva la versión original del diario de Cristóbal Colón, sino solamente a través de los escritos de Bartolomé de las Casas, sabemos que el genovés tuvo la siguiente impresión al arribar el 11 de octubre de 1492 a San Salvador: 
" Ellos andaban todos desnudos como su madre los parió.... de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras, los cabellos gruessos cuasi como sedas de cola de cavallos y cortos.... D’ellos se pintan de prieto y ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y  algunos d’ellos se pintan de blanco y  otros d’ellos de colorado..."

   Américo Vespucio escribía esta carta desde Sevilla a Lorenzo di Pierfrancesco de Medici:
" Digo que después que dirigimos nuestra navegación hacia el septentrión, la primera tierra que encontramos habitada fué una isla... y la gente como nos vió saltar a tierra, y conoció que éramos gente diferente de su naturaleza, porque ellos no tienen barba alguna, ni visten ningún traje, así los hombres como las mujeres, que van como salieron del vientre de su madre, que no se cubren vergüenza ninguna, y así por la diferencia del color, porque ellos son de color pardo o leonado y nosotros blancos, de modo que teniendo miedo de nosotros todos se metieron en el bosque, y con gran trabajo por medio de signos les dimos seguridades y platicamos con ellos; y encontramos que eran de una raza  que se dicen caníbales ..."
  Giovanni da Varrazzano llega a la costa oriental de Norte de América en 1524 y percibe a sus habitantes en un primer plano como “negros”; al viajar al norte, rebate su opinión y afirma que eran mucho más claros. Según su informe, en lo alto de las Rhode Islands, se encontraban personas de color de piel “cobre”, aunque algunos tendían a ser más “blancos” y otros, a tener un color “dorado-amarillento” 

. Los europeos hicieron de los indígenas, a lo largo del proceso de construcción de “raza”, seres de piel roja, seguramente a raíz del ritual de colorearse la piel de rojo. Linneo describe a los africanos como negros, flemáticos, pero, en realidad, el supuesto color negro de los africanos es principalmente una amalgama conceptual entre dos idearios: su supuesta amoralidad y su piel oscura. 
Todos conceptos erróneos. 


Durante el periodo de la Ilustración - XVIII_ pensadores como Voltaire o Kant  propiciaron principios de igualdad, favorecieron los derechos humanos y lucharon por la tolerancia. 

 Kant en su obra "¿Qué es la Ilustración?"  hizo una llamada para que los individuos se emanciparan de su estado de minoría de edad , concepto que también podría ser traducido como estado de ignorancia o falta de voz y voto. 
   Pero obviamente este  no era una demanda incondicional de igualdad para todos 
Kant. Según la ideología de la Ilustración, los seres humanos son sus propios creadores. 
En consecuencia, la historia se entendió como un proceso evolutivo, en el cual los esfuerzos de cada individuo repercutían en el bienestar y el progreso de cada persona. Este proceso debe ser apreciado como una secuencia de distintos niveles de crecimiento y desarrollo. 
 El filósofo alemán no solamente reproduce estas ideas; es más, enfatiza la utilidad de la categoría de “raza”. 
  El “beneficio científico” de tal categoría, según Kant, radica en poder entrever las diferencias entre una misma especie , dado que ésta ha desarrollado una variedad de características hereditarias . 

  Las diferencias, en cuanto al color de la piel, no hacen referencia distintas clases  de hombre, pues todos pertenecen al mismo tronco . En su ensayo “Sobre las diferentes razas humanas"  afirma: Creo que sólo es necesario presuponer cuatro razas para poder derivar de ellas todas las diferencias reconocibles que se perpetúan en los pueblos: Blanca, negra, mongólica y la hindú.
Según Knat de estas cuatro razas podían derivarse todas las características hereditarias de los pueblos, sea como formas mestizas o puras  
Diez años más tarde, Kant introdujo los indios americanos, a los que anteriormente había considerado como una variante de la raza mongólica.

De hecho, en su escrito Definición de la raza humana, las cuatro  razas fundamentales serían la blanca, la amarilla, la negra y la roja. En sus lecciones sobre Geografía física,  ya en 1804, no titubeó en presentar esquemas jerárquicos de las razas: “La humanidad existe en su mayor perfección en la raza blanca. Los hindúes amarillos poseen una menor cantidad de talento. Los negros son inferiores y en el fondo se encuentran una parte de los pueblos americanos”  

A los indígenas, Kant les adscribía una piel roja  y afirmaba que éstos no tenían la capacidad de adquirir cultura, que se caracterizaban por su profunda indiferencia y su amor por la paz era solamente un reflejo de su independencia haragana.  En un escalafón más arriba situaba a los africanos; asumía que la raza de los negros se determinaba por su propia pasión, pero sin que este grupo pudiese controlarla. Por esta razón, estaban restringidos a desarrollar únicamente una cultura de esclavos y, como supuesto corolario, asumía su carácter pueril, hecho que demostraba su dependencia ante el liderazgo.  A los hindúes los situaba en una escala superior a las dos últimas: los consideraba como amarillos  y les concedía la posibilidad de civilización. Sin embargo, los definía como representantes de una  cultura de habilidades y no como partícipes de una cultura de la ciencia, de ahí que los hindúes siempre serían aprendices. Los blancos encarnaban todos los talentos necesarios para la cultura de la civilización; sólo ellos podían producir cambio y progreso, sólo ellos podían obedecer y liderar. En la raza blanca se condensaba la más alta perfección 

Esta ambivalencia de la Ilustración está conformada, por una parte, por los ideales de igualdad, derechos humanos y libertad de expresión y, por otra, por ideologías como el racismo y el antisemitismo científico, así como por el concepto de propiedad, creando nuevos parámetros de diferenciación y exclusión.

   El triunfo definitivo del proyecto de sociedad europea decimonónica,  burgués, industrial y parlamentario,  representa, sin duda alguna, un legado central para las sociedades contemporáneas al construir identidades, naciones, fronteras, nuevas verdades y dogmatismos.

 La ambivalencia de la “desigualdad en la igualdad” de la Ilustración se manifiesta de la siguiente manera: a través del discurso racista desarrollado por Kant se introducen fronteras simbólicas, ideológicas y parcialmente imaginadas entre las diferentes razas, lo cual es típico en cualquier discurso racista. Pero la innovación era precisamente la de invalidar todas las ideas fraguadas en torno a la nueva equidad ante las razas supuestamente inferiores y monopolizarlas únicamente para el proyecto de emancipación del homo europeus.
  El racismo perpetuó así la exclusión en una sociedad europea que reclamaba igualdad, derechos participativos, parlamentarismo y democracia.
La filosofía de la Ilustración preconizaba la abolición de las formas de producción feudales, postulaba la igualdad de todos los seres humanos y, además, propiciaba el principio de la propiedad privada en un temprano proyecto capitalista, pero todo ello solamente para el hombre blanco, y cuando se dice hombre blanco se dice hombre, no mujer. 


La razón de Kant representaba un raciocinio racista. 


Racismo en siglo XIX 


  A lo largo de este siglo van a  proliferar toda clase de  aportes derivados de la seudociencia para sustentar  el racismo científico. Trás la Ilustración solo la razón y la ciencia podían certificar la verdad y el racismo necesita la voz de la ciencia para seguir sustentando la categoría de Verdad.

El anatomista inglés Robert Knox  formuló su axioma: “La raza es todo y clasifica los africanos y a los judíos como “razas inferiores” 

 El Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, del Conde Arthur de Gobineau constituye un diagnóstico de Europa con el ánimo de brindar respuestas para el futuro de la civilización europea. Hacía  especial énfasis sobre todo en los siguientes principios: las razas humanas son desiguales, en consecuencia se debe crear una nueva sociedad basada en “estamentos raciales”. 
  Gobineau era partidario del desarrollo cíclico de las civilizaciones, con sus correspondientes ascensos y descensos culturales. Aunque el autor no define puntualmente el concepto de raza, su andamiaje de ideas y presupuestos nos permiten reconstruirlo. “Raza”, según él, describe elementos físicos y psíquicos de un grupo determinado por la sangre, al menos “pura” en sus orígenes; todas éstas, condiciones heredables

El mestizaje, sin embargo, conllevaba desde la perspectiva del Conde, a la “degeneración de las razas” y de ésta manera la hibridación racial se materializaba a través de la decadencia o la muerte de la civilización 
El imaginario de la “raza pura” representaba solamente un ideal, dado que el estado de las razas demostraba que desde los albores de la historia. 
 Gobineau dividió la variedad humana en tres razas:
La brutal , sensual y cobarde raza de los negros; la débil, mediocre y materialista raza de los amarillos y, por último, la raza blanca, inteligente, enérgica y llena de coraje. 

De hecho, la raza blanca tenía todo el monopolio de la belleza y era la única raza que conocía el honor. 
  Por su inteligencia y fuerza, estaba destinada a conquistar a las “razas subordinadas” para acentuar su papel de fundadora de la civilización. 
  

 Los celtas y los eslavos eran  razas blancas, pero el ápice de la raza blanca estaba representado por los arios. Los idearios de Gobineau expresaban un anacrónico anhelo por reconstruir una sociedad estamental  pero con el fin de que la aristocracia pudiese recuperar sus privilegios perdidos. 
  Sin embargo dejaba de lado el hecho de que la civilización fuese fundada entre el Tigris y el Eúfrates y que continuase en el Mediterráneo cuya "raza" no podía considerarse pura.

El siglo XIX también fue testigo de otros métodos y afirmaciones que se aplicaron y propiciaron en los discursos racistas: la antropometría y el poligenismo.


 El naturalista y geólogo suizo Louis Agassiz  se convirtió en uno de los representantes más famosos del poligenismo, aunque predecesores como el médico John Atkins y los filósofos David Hume y Voltaire  ya habían desarrollado esta doctrina. 

El poligenismo, contrariamente al monogenismo, parte del postulado de que cada raza tiene su propio origen, esto es, diferentes padres fundacionales, como los linajes bíblicos. 

 Con este discurso se intentaba desarrollar una falsa premisa, de carácter inamovible e irrefutable, para aseverar con más ímpetu y pujanza la inequidad racial e intelectual de las supuestas razas inferiores. 

Agassiz publicó en 1850 un artículo donde desarrollaba toda una estrategia discursiva para no entrar en conflicto con las ideas cristianas al afirmar que el relato de Adán sólo se refería a la raza caucásica "En la tierra existen diferentes razas de hombres, que habitan en diferentes partes de su superficie y tienen características físicas diferentes; y este hecho nos impone la obligación de determinar la jerarquía relativa entre dichas razas, el valor relativo del carácter propio de cada una de ellas, desde un punto de vista científico"

 La antropometría fue otro método del racismo antropológico que, aunque tampoco fue una invención del siglo XIX, fue muy representativa para dicha época.

 Los antropólogos alemanes Meiners  y Blumenbach fueron los precursores más importantes de estos nuevos planteamientos al hacer hincapié en la craneometría. 
 Sin embargo los académicos que impulsaron este nuevo método a nivel internacional fueron Samuel Morton y Paul Broca
  Morton no tenía como meta obtener una representación taxonómica completa; su interés epistemológico, era probar que se podía establecer “objetivamente una jerarquía entre las “razas” basándose en las características físicas del cerebro, sobre todo en su tamaño” 

 El método aplicado por Morton fue la medición de la cavidad craneal. 
Con esta pretensión rellenaba tal cavidad con semillas de mostaza blanca tamizada y, a continuación, vertía las semillas en un cilindro graduado para conocer el volumen craneal en centímetros cúbicos. A falta de hallazgos uniformes sustituyó las semillas por perdigones de plomo obteniendo así resultados más "fidedignos" 

  Morton publicó una serie de trabajos que concluían en la existencia de seis razas :  “caucásica moderna”, “caucásica antigua”, “mongólica”, “malaya”, “americana” y, finalmente, “negra”. 
  Cada una de estas razas se subdividía nuevamente  entre uno y seis grupos. 
Morton no titubeaba en expresarse de manera denigrante e insultante en contra de las razas inferiores  mientras buscaba una metodología que confirmase sus prejucios.
 Al respecto, se debe aclarar lo siguiente: el tamaño del cerebro siempre corresponde al tamaño del cuerpo, por ejemplo, una persona alta tiene un cerebro más grande que una persona de pequeña estatura. Además, en la mayoría de los casos, los hombres tienden a ser más altos que las mujeres, por lo cual, los hombres tienden a tener el cerebro más grande. Ciertamente, deducir del tamaño del cerebro la capacidad intelectual es totalmente desatinado. 
Al medir los cráneos caucásicos, Morton estudió en su mayoría cráneos de hombres  y al evaluar cráneos indígenas, midió sobretodo cráneos de los incas, por lo general más pequeños que los demás, y omitió calcular los de los iroqueses que comparativamente son mucho más grandes que los de los incas. Éstos son solamente algunos ejemplos de la forma como Morton distorsionó la realidad biológica, proyectando sus anhelos y sus prejuicios socioculturales en sus investigaciones publicadas bajo la autoridad de la ciencia. 

En conclusión, podemos afirmar que el racismo antropológico fue un fenómeno secular que desplazó la fuerza autoritaria de la teología: el racismo científico se fundaba en el monopolio de la verdad del empirismo y en la observación; de hecho, en mediciones, tablas, cuantificaciones, exámenes y en planteamientos derivados de la teoría de la recapitulación. 

El termino raza se utilizó por los citados autores como un criterio científico para comprobar el orden jerárquico de las razas humanas.

 Esta distinción  tenía una  funcionalidad excluyente y una finalidad ideológica : La de mantener el poder en las relaciones sociales determinadas por la esclavitud, la industrialización y el imperialismo. Divulgar la supuesta condición inferior del indígena, del africano y del asiático permitía legitimar su conquista y su explotación, sin crear paradojas éticas con la moral de Occidente. 

Ahora bien, en esta lógica discursiva también encontramos el trazado teórico del filósofo y sociólogo Herbert Spencer , quien después del aporte de Jean Baptiste de Lamarck “Filosofía Zoológica” y de Charles Darwin “El origen de las especies” , tergiversó y adaptó la teoría de la evolución a la sociedad. De esta manera, no solamente Spencer, sino otros darwinistas sociales, como Alfred Russel Wallace y Ernst Häckel  se convirtieron en ideólogos racistas del capitalismo industrial.


 El científico británico Francis Galton  acuñó el concepto de la “eugenesia” en Inglaterra; el médico alemán Alfred Plötz  y Wilhelm Schallmayer  introdujeron la eugenesia en Alemania bajo el término de “higiene racial " y, en 1905, se legalizó la esterilización de “razas” indeseadas en varios estados de América del Norte. En este contexto, “raza” se convierte en receptor de otro complemento signifi cativo: el factor muerte. 
 Las “razas inferiores” debían ser eliminadas. Solamente los nazis llevaron a cabo este protervo proyecto.

En palabras de Michel Foucault, el racismo “asegura entonces la función de la muerte en la economía del biopoder, sobre el principio de que la muerte del otro equivale al reforzamiento biológico de sí mismo como miembro de una población, como elemento en una pluralidad coherente y viviente” 

 El racismo postula que una “raza” es biológicamente superior a las demás y que esta condición es heredable. En pocas palabras: el racismo esgrime el determinismo biológico en detrimento de su víctima. De ahí que los racistas pretendan conservar la “pureza de su raza” para no vulnerar su supuesta superioridad. 


En el último tercio del siglo XX algunos genetistas, como el italiano Cavalli-Sforza, comprobaron la evidente carencia de los argumentos biomoleculares, mediante los cuales se pretendía establecer la categoría de raza como un criterio fiable para ordenar la diversidad humana. : "Si estudiamos cualquier sistema genético, siempre encontramos un grado elevado de polimorfismo, es decir de variedad genética: significa que un gen presenta distintas formas. Esto ocurre tanto en una población muy pequeña como en el conjunto de la población europea, tanto en toda una nación como en una ciudad o en un simple pueblo. Por ejemplo, las proporciones de genes A B y 0 varían de unos pueblos a otros, de unas ciudades a otras, de unas naciones a otras, pero no demasiado: en cada microcosmos encontramos una composición genética comparable a la del conjunto, aunque algo distinta (... ) Podemos estudiar la clase rica o la pobre, a los blancos o a los negros: siempre hallaremos el mismo fenómeno [de polimorfismo]. La pureza genética es inexistente, simplemente no se encuentra en las poblaciones humanas 

 El  de criar artificialmente seres puros  acarrearía graves consecuencias para la fertilidad, la salud de los descendientes, y podría conducir a deformaciones e incluso a la muerte 

 Cualquier clasificación racial simplifica la diversidad humana de tal manera que se convierte, en la mayoría de los casos, en  una finalidad en sí misma, no solamente por omitir la gran variedad genética a lo largo de cualquier categorización, sino también por ignorar todas las posibles zonas de transición genética, que por principio son negadas en las categorías estáticas.

 No es sorprendente que en los últimos 200 años la ciencia haya presentado modelos de clasificación, que varían entre 3 y 300 razas,
  Jean-Joseph afi rmaba que existían dos ; Kant, cuatro; Blumenbach, cinco; Buffon, seis; Agassiz, ocho; Morton,veintidós; Crawford, sesenta etc. 

La genética tiene una respuesta simple: existen 8 millares de razas, la misma cantidad de seres que habitan la tierra 



sábado, 30 de mayo de 2020

Su padre fue un terrorista, señor Iglesias


En estos días hemos visto a los privilegiados gritar libertad para ejercer sus privilegios, los hemos escuchado cantar canciones libertarias, actuar en performances como epígonos del movimiento hippie, muy ibicencos, muy ideales en su rebeldía de cacerola y chacha y los hemos tolerado.
 Tantos años de transición modélica nos han convertido en gente "tolerante".
Hemos escuchado la voz de la aristocracia en el Parlamento llamando terrorismo a la resistencia, tratando de asesinos a los que lucharon por la Libertad, sí Libertad con mayúsculas para distinguirla de ese engendro que acompañaba el tintineo de la bateria New Platinium en el barrio Salamanca; pero lo más peligroso que nos ha sucedido es que hemos asistido  al espectáculo del último desfalco de los poderosos: el de las palabras.
Es lo más peligroso que podían robarnos, las palabras, y lo han hecho sin pudor porque saben que las palabras son las que nos cuentan la historia, las palabras forman los relatos y nada hay fuera del relato, ya nos lo dijo Derrida.
   Estos pijos de la sartén y el cucharón vienen a escenificar en la calle el revisionismo histórico, esa corriente conservadora que  viene a robar los relatos de la historia.
  Es cierto que todo historiador debe ser un revisionista, un iconoclasta dedicado a desacralizar mitos y cuestionar interpretaciones aceptadas a la luz de nuevos datos o nuevos análisis, pues la Historia es una ciencia y como todas las ciencias es enemiga del inmovilismo. Pero el revisionismo es en la actualidad un movimiento de la historiografía y periodismo de derechas que niegan o matizan las pruebas sobre el Holocausto por ejemplo, o en el caso español viene a blanquear el franquismo.

 Me centraré en el  revisionismo histórico español que es el que se nos está haciendo calle y Parlamento estos últimos días. 
  Este revisionismo no ofrece nuevos análisis basados en un trabajo de archivo o de memoria histórica, sino más bien es una vaga reactualización de viejas propagandas. Historiadores del bunker franquista vienen con sus datos, su saber superior, sus investigaciones, su formación y sus bibliotecas inmensas en las que posan para dar credibilidad a sus revisiones, a meter nuevos libros de historia en las escuelas.

Esta ofensiva  no es nueva, comienza en el año 2000 con la victoria electoral del  filo-franquista Partido Popular por mayoría absoluta. Con el control ilimitado de las instituciones se replantearon toda una serie de políticas ideológicas y morales que afectaban especialmente a la historia reciente todavía viva: Un nuevo relato de  Guerra Civil y la victoria de los nacionales con la imposición de un régimen dictatorial durante 40 años,
  El PP, la Faes, la iglesia, la COPE ,Libertad Digital, ABC, El Mundo y varias editoriales se lanzaron a revisar la Historia y alabaron y pagaron al gran historiador del revisionismo Pio Moa, dándole legitimidad como historiador
 Según Pio Moa la Guerra Civil es un inmenso error colectivo, el rebrote de un cainismo español genético. por lo que las responsabilidades son compartidas al cincuenta por cien aunque el señor Moa prefiere dedicar más páginas a las atrocidades republicanas. 

   Vuelvo a la aristocracia que hoy llama terrorismo a la resistencia. Su formación histórica viene de la lectura voraz de Moa  y por tanto de la ignorancia, con interés de clase, de  la existencia de diferentes violencias. La violencia republicana fue una repuesta al alzamiento y fue espontánea, individual o colectiva y en cuanto el gobierno republicano en las zonas que conservó reimpuso el orden, la violencia  cayó en picado; mientras  en la zona de los sublevados no fue una violencia espontánea o incontrolada, sino una violencia institucional, dirigida desde el nuevo Estado franquista y duró los años que duró el franquismo.
Los aristócratas del Parlamento no han estudiado la  diferencia esencial entre la violencia individual o de grupo y la violencia estatal o institucional, ni las razones que empujan ejercerla.
Una de las características del supuesto revisionismo español es  precisamente la inversión de discursos.  Lo que llamo el  robo de las palabras. Los argumentos, incluso los referentes morales o filosóficos utilizados por la izquierda para denunciar las distorsiones franquistas sobre el pasado se invierten en el revisionismo y se movilizan contra la izquierda, incluso generando una teoría de la conspiración sobre la violencia no contada de los rojos, como si esta historia de las atrocidades rojas no hubiese sido la historia de los libros de texto durante 40 años.
Para ser creíbles los revisionistas y especialmente Pio Moa nos embaucan con una supuesta imparcialidad, que no es más que una trampa relativista: no niegan la violencia de los nacionales, la violencia en una guerra implica a todos y  por lo tanto todos tienen derecho a enjuiciar al otro. desde su bando y sus principios.
  También usa  balances comparativos de atrocidades para quitar culpabilidad , y sobre todo usa la descontextualizacion histórica, lo que le quita cualquier cualidad de historiador. En todas las
guerras se cometen barbaridades, dice Moa, como si la guerra no tuviese una dimensión ética.
No señores del PP, de la FAES, de la iglesia, de la COPE, de ABC, del Mundo, de Libertad Digital: La violencia de los FRAP durante el franquismo no es equiparable a la violencia de cualquier grupo terrorista en democracia, una guerra de defensa de la democracia no es lo mismo que una guerra de conquista o una guerra contra la democracia como la que siguió el fallido golpe de julio del 36 contra el Estado republicano. 
TODA VIOLENCIA TIENE UN CONTEXTO. No es equiparable la violencia de Minneapolis con la del Ku-Klux-Klan.
 No permitáis que los "intelectuales " de la contraofensiva de la derecha y su replanteamiento de las tesis del neofranquismo sobre la Guerra Civil os nublen el entendimiento.
Es una trampa, un robo de la palabra, la historia es una ciencia que nos lleva al pasado para decirnos quienes somos y lo que pensamos ser. .
Nos toca a los historiadores y los estudiosos de la historia delatar a los tramposos y sus intentos de distorsionar la historia ya sea en los libros o en el Parlamento

domingo, 24 de mayo de 2020

"¡Vivan las cadenas!"




"¡Vivan las cadenas!"

En 1814 el absolutismo español pide la vuelta del rey Fernando VII del destierro después de la Guerra de la Independencia contra los franceceses y la caída del rey José Bonaparte ( que pudo haber sido un buen rey, pero es este otro tema)

El pueblo se lanza a la calle, supuestamente de forma espontánea, para recibir al rey absolutista.


Encabezaban las revueltas señoritos y aristócratas en sus carrozas. Ebrios de triunfalismo desengancharon los caballos para sustituirlos por personas del pueblo que tiraron de ellas al grito de "¡Vivan las cadenas!"

Con la famosa frase se pretendía justificar la decisión del rey de ignorar la Constitución de 1812 y el resto de la obra legislativa de las Cortes de Cádiz para gobernar de nuevo como monarca absoluto, manteniendo el Antiguo Régimen con sus tres estados inamovibles, la aristocracia, el clero y el pueblo. Los dos primeros comen y se divierten en sus palacios y los últimos sostienen con su trabajo y miseria la inmutabilidad social.

Con la vuelta del rey felón se inicia uno de los periodos más oscuros de la historia de España, solo interrumpido por el golpe de Riego que dio paso al Trienio Liberal.

En 1823, cuando los Cien Mil Hijos de San Luis acabaron con cualquier intento renovador se inició uno de los periodos más oscuros de la Historia de España, la llamada Década ominosa y en este periodo siniestro, la frase conoció dos adaptaciones a las nuevas circunstancias: '¡Vivan las cadenas y mueran los negros!' (los liberales eran llamados negros por el absolutismo) y '¡Vivan las cadenas y muera la nación!', ya que "nación" era una palabra liberal asociada a conceptos como soberanía nacional, milicia nacional, bienes nacionales, etc.

Que la aristocracia saliera a defender lo suyo, sus privilegios, en el periodo del fin del Antiguo Régimen. preocupados por el vendaval que se veía venir de la Francia revolucionaria, era algo absolutamente natural, aunque alguno hubo con cerebro; pero que los desgraciados sans-culottes trotaran harapientos desdentados y felices haciendo de bestias de carga es algo mucho más terrible, porque no solo se degradaron a sí mismos sino a la esperanza en el futuro del país.

Ayer vimos a idiotas del cubatilla y el eructo, a castigadores de la parienta, a dependientasy marujas fartuscas, a pechopalomos de discoteca, a parados de solana, a majaras y papafritas escoltando los brillantes descapotables de los señoritos y gritando Unión Nacional..

Lo de Espinosa de los Monteros, el aristócrata prebelicao como cuando ganó España el mundial. es solo una parte menor del sainete

Pero ahora es peor porque antes tenían a Goya y ahora lo cuenta la Sexta y Antena 3.

sábado, 23 de mayo de 2020

23 mayo 2020, el fascismo en la calle.



Aplacar las vísceras cuando ves a los privilegiados gritando "unión nacional", envueltos en la bandera que según la Constitución representa ta todos los españoles, convirtiéndola en símbolo del fascismo español; cuando miras a los toreros en sus mansiones y sus grandes fincas escribiendo con faltas de ortografía y pidiendo que el gobierno se ocupe de la cultura porque el toro es cultura; cuando escuchas a los empresarios decir que no aceptan que se retire una Ley de Reforma Laboral creada por un gobierno ignominioso y ladrón contra el pueblo, y lo hacen pretendiendo dar un tinte moral a su discurso, usando un partido político de izquierdas y vasco para resucitar a ETA de entre los escombros; cuando oyes a los nuevos líderes políticos del parlamento hablar de moros malos, de feministas contagiadoras de pandemias; cuando ves las colas de paisanos esperando horas para recoger una bolsa de comida; cuando escuchas a locos gritando sus verdades absolutas a traves de Youtube; cuando lees una prensa que ha dejado cualquier intención de informar mediante la búsqueda de la verdad de los hechos para manipular a los desesperados y usarlos como refuerzo en el grito "Vivan las cadenas" ... aplacar las vísceras es muy difícil, un objetivo que requiere leer a Marco Aurelio en silencio y en soledad, mucho más difícil para las personas que nos tomamos la vida con pasión, y sin embargo, ahora más que nunca ,dominar esas entrañas que se revuelven y rabian es una obligación respecto a una misma y respecto a quienes necesitan serenidad para organizar el caos en el que, concienzudamente, nos están metiendo. Se han tirado al fango y nos esperan en el fango, pero no vayamos, usemos la palabra con todo su poder asesino y demoledor, y mediante la palabra organicemos y respondamos, y mediante la palabra dirijamos las pisadas o las zancadas, los caminos y las metas; no la abandonemos jamás porque solo la palabra con todas sus posibilidades, la conversación, la tertulia, el diálogo, el encuentro aplaca esas vísceras que están buscando para convertir este país en una ciénaga


Y en principio fue el verbo, nos cuentan los mitos, el logos, uno de las palabras más importantes en la formación de la actitud racional del mundo.: el pensamiento, la razón, el habla, el discurso, el concepto, la palabra, el conocimiento...

Recurramos al logos como la herida al tratamiento médico o nos vamos a pique en la barca de los locos.

jueves, 21 de mayo de 2020

Reflexiones sobre los abanderados de Salamanca.



Vivimos inmersas en el todo, necesitamos la luz del sol, el aire, el agua y el alimento. Todo pasa por nuestro cuerpo y vuelve a la naturaleza, y un día será nuestro cuerpo el que se convierta en aire, agua y comida. El día en que ya no haya consciencia de ser, seremos pero de otro modo.
  No podemos vivir fuera de nada, desde el momento en que tenemos que respirar y comer. somos dependientes de todo. Respiramos partículas de aire que respiraron los egipcios del tercer milenio antes de nuestra era, de las griegas que paseaban por la Acrópolis y los esclavos que remaban en las galeras; todavía quedan restos de orina de dinosaurio en el agua que bebemos, y en nuestro miedo permanece el miedo de las criaturas de las cavernas a los gritos y aullidos en la noche.
 
 No podemos ser seres completos estando aislados y no se puede disfrutar un momento de felicidad sin estar completo. Toda nuestra felicidad como seres envueltos por esa gran ola que fue la vida y que se inició casualmente hace millones de años, depende del equilibrio de afuera, de saber que hay sol, aire y agua para todos, porque las otras criaturas son parte de ese todo en el que estamos inmersos.
Cuando comenzamos a acumular mercancías y a arrebatarlas a otros construimos un muro entre nosotros y los demás, al separarnos de lo que somos creamos una creciente insatisfacción vital que pretendemos llenar con más objetos y eso nos lleva a fortificar el muro porque tenemos miedo a que nos quiten nuestros objetos. Aislados de nuestra esencia nos convertimos en seres desgraciados y esclavos lo que nos convierte en crueles contra los que están al otro lado del muro.
Nos reímos de los que hoy gritan en las calles ricas de Madrid porque son ridículos porque por salvar una vajilla de plata pueden matar a mil de su especie  y no hay nada  más grotesco que matar por tener piedras de colores,  nos reímos porque se desligaron de esa gran y magnífica ola que es la vida y que nos lleva a todos hacia el infierno o la gloria, pero nadie escapa de sus dictados.


Nota: Uso el masculino genérico por cuestión de estilo pero cuando lean nosotros deben entender que en nosotros hay MUJERES.

martes, 14 de abril de 2020

Literatura y epidemias: Saramago "Ensayo sobre la ceguera"


Las fotos que se comparten en las redes sociales sobre ciudades despobladas con grandes avenidas desiertas y calles silenciosas, en algunas de las cuales se han atrevido a adentrarse animales a la búsqueda de alimento o movidos por la curiosidad; nos traen a la realidad escenarios que solo habíamos imaginado leyendo novelas o visto en el cine.
Milán, Nueva York, Madrid, Barcelona, Roma, Londres son hoy ciudades fantasma, lugares distópicos donde todos lo sueños de la humanidad parecen haber colapsado. 
Muchos páginas han surgido del relato de pasadas o hipotéticas futuras epidemias. Me vienen a la cabeza el Edipo de Sofocles que nos muestra una Tebas asolada por la enfermedad, (las fiebres tifoideas que devastaron Atenas, según estudios científicos posteriores) el Éxodo bíblico que describe el horror de las plagas enviadas por Dios sobre Egipto; en El decamerón Boccaccio dibuja una Nápoles asolada por la peste bubónica mientras un grupo de privilegiados huye a una mansión del campo donde creen que se mantendrán a salvo de la enfermedad;no les puede alcanzar ; el mismo esquema seguirán Los cuentos de Canterbury sobre el escenario de la peste en Londres, tema tratado también por Daniel Defoe; también Camus toca el tema de la peste en su novela homónima, pero una peste contemporánea en una ciudad semejante a las que vemos hoy; La máscara de la muerte roja de Allan Poe se centra en un grupo de burgueses que danzan disfrazados tratando de no ser encontrados por la enfermedad que supone la muerte; el protagonista de Muerte en Venecia de Tomas Mann va tomando conciencia, junto a su dilema personal con la belleza represetnda por el joven Tadzio, de los cambios que se van produciendo en la ciudad debido a la llegada del cólera; también Yan Lianke nos narra la llegada de una terrible epidemia a la aldea Ding donde unas espantosas fiebres hacen caer a sus habitantes como hojas de un árbol y Saramago en su Ensayo sobre la ceguera del que trata este artículo tocará de un modo magistral la condición humana durante una epidemia . 
La novela nos transporta a una ciudad en donde una extraña enfermedad, una ceguera blanca, muy contagiosa, se extiende de un modo misterioso e incontrolable. La ciudad no tiene nombre, solo es el escenario de la tragedia que viven los personajes afectados por la dolencia. Tampoco los personajes tienen nombre, porque la enfermedad ha robado cualquier rasgo individual o personal convirtiéndolos a todos en ciegos.
También nosotros tenemos un paciente cero sin nombre: un hombre en un mercado chino, un inglés de vacaciones en Valencia, un alemán, un grupo de esquiadores en Austria, un turista en Milán y cuando el virus se extiende los enfermos pasan a ser la los contagiados, los contaminados o los infectados; somos los viejos vulnerables, los jóvenes seguros o la población de riesgo. Nuestra posición en el mundo se reordena de acuerdo con la agresividad del virus. 

La novela comienza en un semáforo en rojo en donde un hombre espera junto a otro grupo de automovilistas, en una mañana que parece normal como cada mañana, hasta que el semáforo se pone verde y todo cambia. Empieza la historia.
El hombre no arranca el coche ante el enfado de los otros conductores. Alugnos de ellos salen de sus coches y se acercan para ver qué sucede y entonces descubren la verdad: el hombre se ha quedado ciego. 
Las reacciones son el enfado porque el incidente impide que la vida continúe su ritmo normal; la condescendencia, personas que le animan buscando explicaciones absurdas del tipo "serán los nervios" para confortarlo y , sobre todo, la indiferencia. 
Cuando supimos que el paciente cero estaba en China no nos importó, no nos podía afectar ni cambiar nuestra normalidad. Somos una sociedad acostumbrada a la indiferencia, miramos sin preocuparnos como se derrite el hielo del Antártico, como bombardean países y sus habitantes se ahogan en el mar y cerramos nuestras puertas a quienes huyen de la miseria. La indiferencia con la que el mundo recibe la ceguera es la misma con que nosotros miramos al paciente cero y escuchamos las noticias que nos llegan de la lejana China. Incluso hacemos chistes racistas sobre el virus y los chinos. 

El hombre acude al médico, quien no encuentra una razón para la repentina ceguera y queda fascinado por el caso. El médico representa la ciencia que se muestra más interesada en la investigación de un nuevo virus que en la situación del enfermo. 
Pero todo cambia de un modo radical cuando al día siguiente el médico, los automovilistas que estuvieron cerca del ciego y los pacientes que estaban en la consulta mientras el paciente cero esperaba, advierten que se han quedado ciegos.
La sociedad asustada por el contagio los aísla, los encierra en un edificio medio en ruinas que fue un antiguo manicomio. Dos metáforas de la degradación y la locura que les espera en el confinamiento.
El coronavirus ha convertido estornudar en una agresión o dar un paseo en un ataque criminal. Nadie quiere formar parte de los contaminados. Todos quieren ser los normales, aunque no tengan nombre y sean personajes dentro del escenario de sus balcones: El que corre, la que saca el perro de madrugada, el que canta, el que cuenta chistes, el personal sanitario, los empleados de los supermercados o los que desinfectan quieren seguir perteneciendo a la cotidianidad de ayer aunque eso ya es imposible.

Los ciegos encerrados reciben alimentos que el gobierno les proporciona con la esperanza de que todo pase, es decir que se curen o se mueran, y la vida vuelva a su curso de siempre.
Es lo que todos deseamos, por eso estamos confinados, atendiendo órdenes humillantes de un estado de alarma que socava la dignidad humana. Acatamos cada día de encierro a la espera de que la vida vuelva por sus derroteros para empezar a construir el futuro; que se cure quien se tenga que curar y se muera quien se tenga que morir. 

En el manicomio comienza a emerger una sociedad nueva alejada de toda regla de comportamiento ético. Se forman dos grupos: uno en el que se encuentra la mujer del médico que es la única persona inmune a la enfermedad y que se hace pasar por ciega para ayudar a su marido, recayendo sobre ella la responsabilidad de ser los ojos de una sociedad ciega y de salvar la historia para la posteridad, y otro grupo, mucho más agresivo y malvado, que no duda en usar la violencia para acaparar los alimentos.
El primer grupo solo quiere comer pero el segundo quiere apoderarse de todo cuanto sea posible, no solo para comer sino para especular con la necesidad.

Hemos visto estantes vacíos en los supermercados, gente en largas colas para llenar los carros de productos de primera necesidad en un ataque de pánico a la escasez, sin preocuparse por la carencia que provocan a quienes vengan a comprar después. Hemos visto como el miedo acaba con el sentimiento colectivo y surge un individualismo egoísta. Comerciantes que disparan los precios de productos acuciantes para la protección de la población, productores que acaparan material, países que requisan aviones al paso por sus fronteras, empresarios que llaman a los periodistas para anunciar que van a donar una miseria en comparación con lo que van a ahorrar en impuestos por su buena acción. 
También la epidemia del coronavirus ha dividido el mundo entre los que solo quieren comer y los que quieren hacer negocio, exactamente como nos lo cuenta magistralmente Saramago.

Poco a poco, a medida que la plaga se extiende, los ciegos se van hacinando en el edificio y la sociedad nueva que han creado, sin más regla que la supervivencia, se va haciendo más violenta y degradada hasta llegar a la pérdida total de la dignidad. 

Hasta que, agotados por el denigrante encierro que les ha convertido en bestias, los ciegos del manicomio deciden salir a pesar de arriesgar sus vidas y la de los demás. L que encuentran es un mundo post-apocalíptico en el que todos están ciegos y la maldad y el egoísmo rigen los comportamientos. 

Una vez fuera de esos días de confinamiento todos seremos ciegos, deberemos llevar máscaras, no podremos reunirnos con amigos, ni hace protestas por nuestros derechos, porque el derecho de reunión seguirá suspendido y aunque todos esperamos regresar a la normalidad, sabemos que esta ya no puede llegar porque el virus la destruyó. 
El virus se irá como se fue la ceguera , pero nos quedará el miedo al futuro, que es esa ciudad de los ciegos de Saramago donde todos saben, a pesar de ver, quienes son, lo que pueden llegar a ser y que un día cualquiera alguien no podrá arrancar su coche cuando el semáforo se ponga verde.

Hemos sido cosificados mas que nunca con el virus, hemos sido privados de nuestra libertad, hacinados, encerrados, tratados como reclusos y cuando hemos salido a pasear hemos aceptado ser controlados, por la policía, increpados por los vecinos, observados ojos que enloquecen tras las ventanas. Hemos perdido nuestra dignidad, , hacinados en salas de pesadilla, enfrentados solos a la muerte. Decía una enfermera que los cadáveres son lavados con lejía y metidos en cajas sin nombre.  
De este mundo saldrá algo nuevo. Hay un sentimiento de fin de un tiempo, los economistas hablan de ritmo rápido de la historia, del fin del neoliberalismo, los científicos de una oportunidad para salvar el planeta del aniquilamiento, los gobiernos hablan de esfuerzo, y mientras tanto soplan fuerte los aires del noefacismo: la ciudad salvaje de los ciegos acecha y de nosotros depende en este periodo histórico más que no sea cierta esa frase terrible que nos deja Saramago en su magnífico Ensayo sobre la ceguera. 

martes, 14 de enero de 2020

El bosque




Hoy he paseado por el bosque  en silencio, mirando y escuchando.
  Y  me he acordado de aquel hombre ruso, Grisha Perelman,  que vivía en su pequeña casa junto a un bosque por el que caminaba todos los días. Cuando no estaba en su bosque, estaba jugando con las matemáticas  y allí entre otras cosas resolvió la Conjetura de Poincaré,  propuesta un siglo antes.  Pero en lugar de llamar a las grandes instituciones y dar discursos después de los premios y las medallas, se limitó a colgar su solución en una revista científica de internet. Gratis y generosamente. No estaba interesado en la fama ni en el dinero. Este es el prototipo de persona libre.
Un bosque y una pasión no puesta en el otro sino dentro sí mismo  y por lo tanto,  en el todo.
    La felicidad está ligada a ese todo, solo se puede ser feliz en una armonía con el todo. Quien rompe con ese equilibrio destruye toda posibilidad de ser feliz.
 Los millonarios, que levantan muros y  se aíslan de los demás seres humanos e incluso los aniquilan si es necesario, no pueden conocer la felicidad. Solo pueden comprar cosas caras. Su frustración crece como sus cuentas bancarias.
 Cuando uno de estos seres a medias aparece pavoneándose por que puede tener "todo", no ha entendido nada. Ese todo es algo de lo que él mismo se han sustraído. No  pueden tener el bosque de Perelman aunque lo compre.