jueves, 9 de julio de 2020

Carlos IV: El Príncipe de Asturias y la Trinidad sobre la tierra. (Primera parte)



Los Borbones del siglo XVIII no estaban muy bien de la cabeza, a excepción de Carlos III, dedicado compulsivamente a la caza para huir de la locura que había azotado sin piedad a su padre Felipe V y a su hermano Fernando VI. El reformismo borbónico del que hablan los libros de Historia es la labor de los miembros de sus despachos y sus ministros empeñados en modernizar el país según las ideas de la época "todo para el pueblo pero sin el pueblo
  Lo poco que se hizo en el XVIII cayó en manos de los Borbones del XIX  en el que España iba a ser un circo, un grotesco espectáculo  que dejará los más siniestros episodios de nuestra historia.  El triste siglo XIX, el de los pronunciamientos, se puede resumir en el grito del pueblo aclamando la vuelta del absolutismo como comparsas de la nobleza, haciendo de caballos de sus carruajes: "Vivan las cadenas"

   Qué alegría más grande se dieron Carlos III y María Amalia cuando  el 11 de noviembre de 1748 nacía  en el Real Sitio de Portici, sobre la bahía de Nápoles y a los pies del Vesubio, un hijo varón y sano.
  Después de cinco niñas y el niño Felipe Pascual, con problemas mentales;  este recién nacido parecía por fin asegurar la continuidad de la sucesión.  Después vendrían cuatro hijos más,  Fernando, el Vito Corleone de Sicilia del que ya hemos hablado, Gabriel Antonio, Antonio Pascual y Francisco Javier.
   De todos el más inteligente era Gabriel y por tanto el preferido del padre, pero en las reglas de la herencia real no prima la inteligencia sino la primotenitura.
  Carlos, a pesar de saberse heredero, envidiaba a  Gabriel. Su infancia estuvo marcada por los celos hacia su hermano dando ya muestras de su escasa inteligencia y simplonería y dejando ver una de las características de su personalidad: servilismo con los poderosos y crueldad con los débiles.
  Este es el rey al que le tocó gestionar los vientos de la Revolución Francesa y la Europa de Napoleón. Pobre España.

  Aunque  con el padre se mostró siempre amable y complaciente, con los criados tenía momentos de sorprendente y desproporcionada violencia ante cualquier bagatela.  Lo mismo se mostraba campechano con sus inferiores  que los insultaba y los mandaba azotar sin piedad. Un hombre acomodaticio e infatil que prefería vivir en Babia a afrontar los problemas

  Siendo príncipe solía levantarse temprano y oír dos misas; luego hacía algunas manualidades, sobre todo le gustaban las labores de ebanistería y de  zapatero remendón. Tras los momentos de diletantismo proletario se iba de caza, movilizando cada día seis coches, una docena de guardias, cien caballos y doscientas mulas. La caza le excitaba hasta el paroxismo. En cierta ocasión ordenó liquidar a cañonazos a un rebaño de siervos que sus servidores habían agrupado para tal fin.

  Como su tío Fernando, podía mostrar un rostro amable y casi perezoso,  y otro terrible, agresivo y violento; así por ejemplo cuando hubo de  concertarse un matrimonio de conveniencia mostró la misma cómoda mansedumbre que su tío pero no dudó en pedir que la guardia Valona masacrase al pueblo de Madrid exaltado por los fuegos de artificio y las explosiones de las celebraciones:

En diciembre de 1765 a los diecisiete años se casó con su prima María Luisa de catorce; hija de Pippo, el hijo preferido de Isabel de Farnesio.  Las bodas de los príncipes se celebraron en La Granja de San Ildefonso el 4 de septiembre de 1765, tres días de celebraciones, corridas de toros y represetaciones teatrales siguieron al enlace de los Príncipes de Asturias. La anciana Reina Madre Isabel de Farnesio veía con satisfacción  como al final de su vida, dos nietos suyos ocuparían el trono de España.

  María Luisa se instaló en el Real Palacio  donde se aburría con la sobria etiqueta de Carlos III.   Los embarazos y abortos se sucedían, los deseados varones tenían corta vida mientras las hembras, inútiles para la sucesión,  se criaban sanas y fuertes. En 1784 nació por fin el Escorial el futuro Fernando VII, monarca que superó a su padre en cuanto al ominosa memoria que dejó en la Historia.

Entre parto, aborto y parto corrían por la  Corte habladurías sobre la vida extraconyugal de la princesa de Parma,  de las cuales el único que no parecía o prefería no enterarse era el principe bobalicón. Pensaba que una princesa no osaría encamarse con un hombre de más baja cuna que la suya, y dado que el único que había en la Corte más importante que el esposo era el padre, podía dormir tranquilo.  Se comenta que cuando le dijo esto al padre, este le respondió: Pero qué tonto eres hijo mío.
 Todos los grandes de España y los más fornidos militares pasaron por el lecho de María Luisa quien incluso se sentía ofendida si escuchaba que  las listas de amantes de las  Duquesa de Alba y Osuna eran más prolíficas y brillantes que la suya.

 Los escándalos llegaron a tal grado que el mismo rey Carlos III llegó a expulsar a un gentilhombre de cámara  para frenar las habladurías. El simplón de Carlos intercedió por el amante de su esposa porque sin él María Luisa se sentía sola y desdichada.
 Sobre la paternidad de los hijos de María Luisa hay razonables dudas, pero como la susodicha era Borbona, no hemos de preocuparnos por la sangre real.
   Entre amante y amante apareción un hermoso joven en la vida de los Príncipes: Manuel Godoy.
Manuel Godoy era hijo de  una familia de la pequeña nobleza y muy moderada fortuna. Esta precariedad económica le llevó a integrarse en el cuerpo de guardia de la Real Persona en la que, en el otoño del año 1788 y con veintiún años, fue nombrado guardia de corps de los Príncipes de Asturias. 
  Se cuenta que durante un  trayecto hacia La Granja al joven Godoy se le encabritó el caballo y lo arrojó al suelo en presencia de los Príncipes.  María Luisa le echó entonces el ojo al galán
y tan feliz estaba con el triangulo amoroso que llegó a  exclamar : «¡Somos la Trinidad sobre la Tierra!» a.

   En diciembre de 1788, la muerte de Carlos III y el ascenso al trono de su hijo dispararon ya de forma incontenible la fulgurante carrera de Godoy, que muy bien resumía en pocas líneas la magistral pluma de Pérez Galdós en el primero de sus Episodios Nacionales, cuando escribió:

   […] España y el mundo todo vieron con sorpresa que era elevado a la primera dignidad política aquel mismo joven de veinticinco años, ya colmado de honores inmerecidos, tales como el ducado de la Alcudia y la grandeza de España de primera clase, la gran cruz de Carlos III, la cruz de Santiago, los cargos de ayudante general del Cuerpo de Guardias, mariscal de campo de los reales ejércitos, gentilhombre de cámara de Su Majestad con ejercicio, sargento mayor del Real Cuerpo de Guardias de Corps, consejero de Estado.  superintendente general de Correos y Caminos, etc."


En muy poco tiempo, el inteligente y ambicioso extremeño, se había convertido en el verdadero amo del país, desalojando de los ámbitos del poder a los veteranos y acreditados políticos. Se afirmaba sin tapujos que incluso el mismo Rey no era inmune a los encantos y valores eróticos del joven.

Cuando el 14 de julio de 1789 el volcán estalló al otro lado de los Pirineos y el pueblo de París tomó por asalto la odiada fortaleza de La Bastilla, Carlos no tuvo naturalmente conciencia de lo que todo ello significaba. El Gobierno español, presidido por Floridablanca, se aprestaba a cerrar a cal y canto la frontera para evitar la expansión de la marea revolucionaria. Luis XVI se había visto obligado a jurar una Constitución y el análisis político de Carlos IV fue  :«Mi primo se ha olvidado de ser rey.»
  Ante la urgencia de la nueva situación, el Santo Oficio de la Inquisición volvía por sus fueros y se entregaba ahora con absoluto ardor a la defensa antirrevolucionaria, fomentando delaciones, deteniendo a personas y confiscando cualquier publicación mínimamente sospechosa de servir como propaganda del temido virus.
Temeroso de la amenaza que Godoy representaba, Floridablanca informó al Rey sobre la espinosa cuestión de los amores de la reina y el valido.  El resultado fue la detención de Floridablanca y su  destierro de la Corte, apartado de todos sus cargos.
 
 Como aviso para todos, quedaba así claro que la Trinidad no admitía que nadie se metiese en sus asuntos íntimos.





Carlos III, cazador y cobarde


El cura que ha de dar la extremaunción a Fernando VI no sabe que el moribundo en sus últimos estertores le va a lanzar el orinal lleno de heces a la cara, así que mientras levanta los santos óleos el rey aprovecha para dejar su última acción sobre la tierra
 Comienza el reinado de Carlos III, un rey obsesionado con no heredar las enfermedades mentales de su padre y hermano. Para ello se dedica a las oraciones, la vida frugal y la caza. Considera esta última una actividad terapéutica, por lo que se pasa la mayor parte de su reinado de cacería.
 Goya. un agudo psicólogo de la realeza borbónica, lo pinta como era: Pequeño, feo, narigudo y empercudido por las horas al aire libre, el rey se apoya en su mejor amiga, la escopeta de caza, con su daga en el el bolsillo y su perro a sus pies.
 A pesar de estar vestido de cazador el rey lleva banda y guantes blancos para dejar claro que no es un cazador de poca monta.
 Todo para el pueblo pero sin el pueblo: un rey satisfecho, entregado a sus aficiones en un paisaje desierto sin rastro humano.


  A Carletto ya lo había colocado su madre, Isabel de Farnesio, en el trono de Nápoles. La ambiciosa reina que se hacía pintar con la corona a su lado mientras el marido tapaba su perpetuo empalmamiento con un sombrero, se encontró con el mayor de sus sueños hecho realidad. El hijo de Maria Luisa de Saboya muerto a los 46 y el trono de España para el suyo.
  Siendo rey de Nápoles se casó con una menor. Su primera esposa María Amalia Walburga de Sajonia tenía 14 años y el rey 22.
 Llevaban poco más de veinte años casados cuando llegaron a Madrid como reyes de España. La reina con menos de 35 años había parido ya 13 veces. Su primera hija la tuvo a los quince años. Desde el nacimiento de la primera hija el estado natural de la reina era el embarazo. Cuando llegó a España tenía 8 hijos vivos y habia enterrado a cinco María Amalia duró solo dos años como reina de España, pero dejó bien asegurada la herencia del trono.
  En Nápoles se quedó su tercer hijo Fernando, que no es objeto de estas crónicas pero que es considerado como el foco donde se genera toda la mafia italiana. Gobernó las Dos Sicilias por espacio de sesenta y seis años (1759-1825), tiempo durante el cual convirtió la corte de Nápoles en algo similar a la casa de Corleone.
Sigamos con Carletto convertido en Carlos III .
 Llega a España con su esposa y su familia numerosa. Entran todos con gran pompa y boato por Barcelona. Los Borbones quieren escenificar con esto su reconciliación con los catalanes. La Farnesio había dicho que antes que reconciliarse con los catalanes ( por su apoyo a los Austrias en la guerra de Sucesión y su oposición al centralismo borbónico) tiraba a sus hijos por la ventana.
  La reconciliación, como demuestran los hechos, fue muy borbónica. Bien es sabido lo que vale París para esta dinastía. El rey será el más acérrimo enemigo del catalán y no cejará en sus decreto de prohibición hasta aniquilarlo de la faz de la península.
   Hay un gran jolgorio en la entrada del rey por Barcelona. Los gremios de la capital han costeado una gran pantalla que representa el sistema solar con Carlos III en el centro. La llamada Máscara Real- una serie de carros con alegorías mitológicas- se pasea durante tres noches por las calles de Barcelona acompañada de música, antorchas, fuegos de artificio y más de dos mil personas ilusionadas con el nuevo rey.
 Después de Barcelona la comitiva pasa por Lleida y luego Zaragoza, en donde al decir de la reina " el pueblo hizo locuras". Besamanos en la iglesia, cacerías y toros reciben a la real pareja.
 Luego toca Madrid y el delirio. Se erigen arcos de triunfo y escenarios de cartompiedra, le siguen muchedumbres eufóricas y se celebran toros y cacerías.
No fue un recibimiento espartano ni barato. Pero había que demostrar la apoteosis borbónica con todos los signos de unidad y continuidad.

   Isabel de Farnesio se instala en el Buen Retiro. Lleva 26 años sin ver a su hijo y aunque verlo no lo verá porque está medio ciega, finalmente se cumplirán sus objetivos mucho más allá de lo soñado. Algunas desavenencias con la nuera agriarán las mieles del triunfo, pero hay que entender que la mujer está alterada por veinte años de parir y enterrar hijos : su adorado hijo la premia retirándola de la esfera política. Por suerte para la Farnesio su nuera muere a los dos añso de haber llegado a un reino por el que sentía desprecio.
  El rey queda viudo, ni se casa de nuevo ni se le conocen amantes, a excepción de unas habladurías con la bella esposa del Leopoldo de Gregorio, el futuro Marqués de Esquilache. Algún mal pensado quiso ver en las prominentes narices de sus hijos el sello real.
  Si se desfoga o no con la bella María Josefa, nada se sabe, pero lo que está en los libros de historia y en las biografías es que lleva una vida reglada y rutinaria para no caer en la locura de sus antepasados. La caza es su principal terapia. Colecciona escopetas y está renegrido por las horas pasadas al aire libre recorriendo los campos a la busca de piezas. Así nos lo representa Goya, elegante pero con la cara llena de empeines.

Otro mal que padece el Buen Borbón es el de la piedra, que hoy llamaríamos el del ladrillo.
El Palacio Real está casi terminado cuando llegan de Nápoles y completo cuando se trasladan el 1 de diciembre de 1764, pero el rey no se encontraba satisfecho y ordena contínuas reformas que vayan acorde con el brillo de su reinado. Otra de sus grandes obsesiones.
 También en política trata de seguir la línea reformista de los gobiernos de su padre y su hermano con proyectos propios del Reformismo Ilustrado cuyos fallos o aciertos dependen de su capacidad para elegir los miembros de su gobierno.
 Uno de los momentos que marcan su reinado y nos muestran la personalidad de este Borbón no tan maravilloso como nos lo pinta el mote "el mejor alcalde de Madrid" es el famoso Motín de Esquilache en la primavera de 1766, llamado así a raiz del levantamiento contra el ministro de Hacienda, Leopoldo di Gregorio, procedente de Squillace en Mesina, futuro marqués de Esquilache.
 A Esquilache lo acusan de ser extranjero, haber acumulado mucho poder sobre el rey y de llevar un estilo de vida excesivamente lujoso. Sectores de la iglesia ultraconservadores y de la nobleza patria están celosos de la llegada contínua de extranjeros que obtienen títulos y propiedades.
 El marqués es la cara visible de esta envidia nobiliaria que no duda en movilizarse usando insatisfacción popular por la carestía de la vida especialmente agravada por una crisis de malas cosechas por una prolongada sequía.
 La manipulación del pueblo frente a los malos extranjeros llega a su paroxismo cuando se decreta la prohibición del sombrero redondo y la capa larga en favor del sombrero de tres picos y la capa corta, con la intención de evitar a los delincuentes ocultar su rostro con el ala del sombrero o embozarse con la capa. La nobleza y la iglesia azuzan: Los extranjeros nos quieren quitar nuestras costumbres españolas.
 El Domingo de Ramos día 23 de marzo, agitadores de la nobleza y la iglesia, se sitúan en lugares estratégicos y animan al pueblo a lanzarse a las calles con toda clase de violencias. El primer objetivo es la casa de Esquilache, a la que saquean al grito de muera Esquilache y viva el Rey.
 Las masas se dirigen al Palacio Real, ya llamado Palacio de Oriente, para exponer al rey sus quejas,, El rey asustado no ha escuchado los vivas entre tanto alboroto y temiendo ser agredido o perder los valiosos tesoros del palacio envía a la guardia valona, extranjera y con poca simpatía entre el pueblo, pero el rey asustado, provocando muertes entre los guardias y los amotinados
 Finalmente, aconsejado por sus ministros, acuerda recibir al cura Cuesta, todo encenizado y encendido, quien lee una serie de reivindicaciones exigidas por los rebeldes : Destitucion de Esquilache, el fin de la guardia Valona y el control del precio de los productos básicos. Cuando el cura sale agitando el papel de los acuerdos firmados el pueblo chilla Viva el rey hasta desgañitarse.
Un tembloroso Carletto se asoma al balcón pero no logra decir una palabra, enmudecido por el pánico.
Apaciguados los ánimos, descubrimos aquí a un rey rencoroso y soberbio que no perdona lo que considera una humillación a su persona y una falta de respeto a su real posición
 Reune a la familia y amparándose en la oscuridad de la noche se marcha a los Reales Sitios de Aranjuez en donde permanece ocho meses dedicados a la caza y a rumiar su odio contra el pueblo que osó forzarlo.
Sus ministros, especialmente el sensato Jovellanos, le aconsejan la vuelta, pero el rey siente un pánico irracional hacia su pueblo. Cuando muere su madre, de avanzada edad, culpa de su muerte al Motín y al estado de nervios en que la sumió.
 Finalmente acepta regresar a Madrid bajo sus condiciones. Se deben revocar todos los acuerdos que firmó bajo presión y formar una guardia que lo proteja. Desde entonces la caza y a organizar la construcción de grandes edificios en Madrid que den gloria a su reinado mientras sus ministros se encargan de llevar a cabo las tímidas reformas ilustradas.


Afortunadamete Carlos muere el 14 de diciembre de 1788 a pocos meses del estallido de la revolucion francesa. Seguramente al ver un Borbón ejecutado le hubiese alcanzado la locura de la que se pasó la vida huyendo.

miércoles, 8 de julio de 2020

Fernando VI, un rey con serios problemas mentales


El 15 de enero de 1746 Felipe V se tragó la lengua y murió.

Le sucedió su hijo Fernando, el cuarto hijo de María Luisa Gabriela de Saboya. Los hijos de Maria Luisa crecieron bajo la autoridad de la princesa de los Ursinos y olvidados por el padre y su segunda mujer, el primero ocupado en fornicar todo el tiempo y la segunda en preparar jugosas herencias para sus hijos.

A la muerte de Luis I debió reinar él porque la abdicación era irreversible, pero la reina Isabel de Farnesio bloqueó todos sus derechos para organizar los de sus hijos.
Se casó con Bárbara de Braganza, hija del rey de Portugal, a la edad de 16 años. La princesa tenía 18. Cuando finalmente Fernando fue rey se vengó de la Farnesio haciendo que abandonara el palacio y aislándola en el mundo político. La razón que dio el rey para este aislamiento fue " lo que yo determino en mis reinos no admite consulta de nadie antes de ser ejecutado y obedecido"


Fue definido como un  rey energúmeno y endiablado  por los pasquines de la época.

Su reinado duró trece años de los cuales la mayor parte las pasó con problemas mentales y con pocas posibilidades de ser artífice de ninguna de las maravillas que los libros de historia le adjudican. 
Debido a la paz las arcas públicas se recuperaron y las medidas del marqués de Ensenada en este periodo (Hacienda, Catastro, comercio americano, el Giro Real ) trataron de modernizar el país pero sin tocar nada, como es muy propio de la historia de la España Borbónica.

Hay que contar una polémica redada en 1749 donde fueron apresados y torturados nueve mil gitanos. Su intención era usarlos en trabajos pesados como esclavos.

El tercer Borbón en la monarquía española, aún siendo hijo de un semental nos salió impotente. Una afección genital le impedía eyacular y tener hijos. Pero si no heredó el ardor sexual del padre, el hombre heredó la mala salud mental

 Padecía depresiones, periodos de inactividad y crisis agresivas que tras la muerte de su esposa se acentuaron.

El mismo día que murió la reina el rey salió de cacería en su Castillo de Villaviciosa de Odón donde estuvo contento y despreocupado como si nada hubiese pasado; pero pronto comenzó a mostrar agresividad y horror a la muerte. Como su padre, dejó de asearse y de cambiarse de ropa. Fingía que estaba muerto y mordía a la gente que se le acercaba. 
Durante periodos se creía un fantasma y vagaba en camisón por el palacio. 
 Sus asistentes eran constantemente agredidos y tenían miedo de su propia integridad física. Corría y bailaba en ropa interior, se reía a carcajadas de sus ayudantes y no quería acostarse por lo que dormía en una improvisaba camilla hecha con sillas y taburetes.

 Si alguien osaba llevarle la contraria le mordía. 
Carlos, su hermano y sucesor, recomendaba reducirlo con "violencia respetuosa"

Luego se aficionó al opio

Intentó suicidarse varias veces, la demencia le afectó al habla y finalmente fue encamado en sus aposentos sin posibilidad de salir. 
El rey se negó a comer hasta que murió en agosto de 1759 a los 46 años.
   Se  despidió de este mundo lanzando sus propias heces al cura mientras le daba la extremaunción.

martes, 7 de julio de 2020

Luis I , el Borbón relámpago

Luis era hijo de Felipe V y su primera esposa María Luisa de Orleans y hermano del que sería su sucesor Fernando VI, y del sucesor de Fernando VI el que sería el rey Carlos III, hijo de su padre y de Isabel de Farnesio, la reina que manipuló la política española con el único objetivo de obtener tronos para sus hijos (Carlos, Felipe y Luis Antonio)
 El niño, huérfano de madre a los cuatro años, creció viendo a su padre saltar como una rana por el palacio, correr por los pasillos con ropas pestosas o medio desnudo o perseguir a Isabel de Farnesio para fornicar detrás de las cortinas.

A Luis de Borbón lo casaron a los 15 años con Luisa Isabel de Orleans, de 12. Y a los 16 , su padre, que contaba cuarenta años entonces y había decidido no cambiarse de camisa porque el resto de sus jaiques "estaban envenenados", abdicó en él. Apenas fue rey seis meses porque cuando tenía 17 murió de viruela. Su reinado fue el más breve de la historia de los Borbones y el segundo más breve de la historia de España, solo superado por Felipe el Hermoso.
  Por su juventud y su corto reinado poco podemos contar de este que prometía ser digno heredero de los Borbones empalmados.
  Dos días después de su boda, concretamente el día 22 enero 1722, escribió a su padre estas palabras "Padre me gustaría saber cómo se hacen los niños"
El padre le respondió " Pregúntalo a tu esposa", respuesta muy inteligente teniendo en cuenta que su esposa tenía doce años.
Luis I contestó trás la noche de bodas: " Padre, ayer por la noche le dije a la Princesa lo que V.M. me dijo y ella me respondió que tampoco sabía lo que había que hacer puesto que no le habían informado. Me puse sobre ella un rato, pero como no salía nada lo dejamos. Quiero que Usted me responda primero cómo tenemos que hacer los dos y también cuánto tiempo tengo que permanecer sobre la Princesa"

  Luisa Isabel  era una pobre niña, hija de un bastardo del rey Sol, su madre murió en el parto y ella creció sin recibir educación alguna, no se le dio nombre, ni nadie la enseñó a leer ni escribir . Fue bautizada de urgencia para enviarla a España como esposa de Luis I , su abuela paterna  la poderosa Ana de Austria decía de ella :  " es la persona más desagradable que he visto en mi vida; en todas sus acciones, ya hable, o coma o beba, impacienta, por lo que ni yo ni ella hemos vertido lágrimas cuando nos hemos dicho adiós”.
 Luisa Isabel era una niña con problemas de personalidad, estaba más interesada en correr desnuda por los jardines, en ir en paños menores por el palacio y mostrar con picardía sus partes íntimas a los criados, en trepar a los árboles, comer  rábanos o verduras en vinagre  y eructar sin control. Se contaba de ella, además, que andaba sucia por la corte, que olía mal y ventoseaba públicamente. A veces se desnudaba y con sus vestidos limpiaba el suelo y las ventanas.
Cuando Felipe V, obsesionado en yacer con la reina y luego  autoflagelarse por el sentimiento de culpa que le provocaba su incontrolable lujuria, abdica a en el joven Luis, este decide que Luisa Isabel no puede ser reina con ese comportamiento y la manda a encerrar en la torre del  Alcazar. Fue su única acción de gobierno.  Por lo demás se dedicó a ir de caza de día y  de juerga con sus amigos todas las noches y a visitar todos los tugurios  de Madrid, en donde aprendió que no bastaba con echarse encima de la princesa para que vinieran los niños y donde contrajo la viruela, una enfermedad  muy contagiosa y peligrosa que sólo aquel año acabó en España con más de 30.000 personas.
Esa fue la versión oficial. Pero es muy probable que el Borbón muriese de una enfermedad venérea.

 A la muerte de su hijo Luis, Felipe volvió a encargarse del trono y  se deshizo de la reina enviándola a Francia de nuevo, como quién se deshace de un trasto viejo. La reina moriría a los 32 años sin que nadie se quisiera hacer cargo de su entierro. Un psicólogo hoy la habría diagnósticado de trastorno de personalidad múltiple y bulimia y  una familia sensata no la habría casado a los 12 años y menos con un Borbón.
 A quien interese la historia de esta reina que ni siquiera está enterrada con las reinas de España a pesar de haberlo sido puede mirar este enlace.


Felipe V : un cojín y una mujer


En mi empeño de  averiguar el génesis del furor genital de los Borbones he empezado un trabajo de malsano cotilleo, metiendo la nariz en las historias ocultas de sus antepasados.

 Por ahora parece ser que Felipe V de Borbón tenía ya ese gen maldito que no les deja tener la bragueta subida un segundo.
Hago una breve introducción histórica para situarnos y luego expongo el resultado de mis indagaciones



Felipe de Borbón(1683-1746) fue el primer soberano de la dinastía de los Borbones, tras vencer la guerra de Sucesión contra los candidatos al trono del último de los Austrias Carlos II, el Hechizado (1661-1700) muerto sin descendencia y con graves problemas mentales.
Felipe V llegó a España sin hablar una palabra de español y con 17 años de edad. Fue nombrado rey en las Cortes de Castilla y se dirigió a Aragón conde juró los fueros y seguidamente convocó las Cortes Catalanas y también las juró. Luego en Madrid formó un Consejo de Despacho, por medio del cual ejercería un poder real por encima de los Concejos de los Austrias. El rey Sol, abuelo de Felipe, iba a ser el dueño de España. Esto decía de su nieto "Es poco instruido, incluso menos de lo conveniente a su edad. Será fácil gobernarlo..."  Luis XIV organizó la Hacienda mediante su hombre de confianza Orry , apañó la boda de Felipe con María Luisa de Saboya. y preparó la llegada de la Princesa de los Ursinos como camarera de la reina quien controlaría todo lo que sucedía en la corte e informaría al rey de Francia. 

 Alberoni diría del rey " todo lo que necesita el monarca es un cojín y una mujer"

La reina María Luisa tenía 13 años cuando llegó y como había de consumar su noche de bodas en presencia de testigos estuvo tres días encerrada en un cuarto llorando y pidiendo volver con su mamá. El cuarto día aceptó consumar el matrimonio pero sin mirones.
La afición borbónica por los cojines y las mujeres se refleja en esta carta escrita por la princesa de los Ursinos al rey Sol "... no hay manera alguna de que el rey abandone la alcoba, por su gusto estaría todo el día en la cama con la reina" 

Como no se cortaban en público y estaban en una corte católica el rey se pasaba la vida del fornicio al confesionario y del confesionario al fornicio. Sería por este ir del arrepentimiento a la lujuria que el rey acabó pasando de la tristeza a la euforia con la misma facilidad con que se sentaba en el reclinatorio o jugaba al escondite con la reina.

  Los psiquiatras decían que el rey padecía de satirismo, un irrefrenado deseo de practicar el coito,  gen que parece haber sido heredado por todos los Borbones.

El embajador francés Saint-Aignon escribía en 1717 “el monarca se está destruyendo visiblemente a causa de la utilización excesiva de la reina. Está completamente agotado”.

En los periodos en que estaba deprimido se encerraba meses en su cuarto, negándose a asearse y a vestirse, de ahí le vino el sobrenombre "el guarro", aunque cuando llegó a España se le llamó El animoso y pasado un tiempo El melancólico. 

Maria Luisa de Saboya quien realmente había estado al mando del país junto a la princesa de los Ursinos murió a los 25 años de tuberculosis, después de haber parido tres hijos de los que sobrevivieron tres.
El rey empezó a manifestar un comportamiento errático por sus deseos incontrolados de hembra. Recibía a otros monarcas e importantes personalidades en camisón de dormir y sin pantalones y hubo un periodo en el que estaba convencido de que era una rana.
Les procuraron diferentes meretrices para calmarlo pero como era creyente luego se deprimía más buscando el perdón divino. Esto llevó a la decisión de casarlo de nuevo, para que "follara y dejara al despacho gobernar" Solo estuvo viudo diez meses.
La siguiente esposa sería Isabel de Farnesio quien mantuvo al rey entretenido en la cama mientras ella se encargaba de controlar el gobierno en la fase de influencia de los italianos y con esto concluimos la historia del primer ilustre antepasado de nuestro jefe de Estado, Felipe VI. 

No hemos tocado la política ni la economía ni la sociedad porque nada de esto importaba al Borbón fornicador. Si hemos de hablar de ello entonces tendremos que dedicarnos al estudio de las dos reinas

 Una gran fuente de ingresos en las arcas reales fue la venta de títulos nobiliarios, muchos comerciantes y hombres de negocios de Indias vieron una una forma rápida de entrar en  la aristocracía española : pagar por títulos. Algunos títulos fueron tramitados por la Cámara de Castilla pero otros los arreglaron las reinas y probablemente lo que se pagó por ellos no se sabrá nunca pero donde fue el dinero, eso no parece tan imposible de averiguar. 

lunes, 6 de julio de 2020

Transfeminismo

 Durante toda mi vida un hombre era un hombre con sus cosas bajo los pantalones, cosas muy poderosas que decidían cuando yo me convertía en mujer o cuando era una niña.
  Las cosas de los hombres contenían la semilla de nuestra existencia. Una mujer era una mujer porque no tenía pene. No se era mujer por tener senos o vagina, se era porque no se tenía pene. 
 El pene era el centro de todo y pertenecía exclusivamente a los hombres.
 Los hombres mostraban su genitalidad contínuamente como símbolo de su poder y se separaban de nosotras por un abismo insondable: Nunca tendríamos pene, ni poder, ni músculos, ni el control de nuestra propia historia, ni siquiera tendríamos un relato propio fuera del papel de subyugación. 
  Un hombre era un muro impenetrable. Los hombres son así, a los hombres no les gusta esto, no cuestiones a los hombres... y eran hombres por la existencia del falo, algo que nos provocaba más miedo que deseo. 
  Con ese bagaje, cuando las personas trans claman por su visibilidad nos lo ponen todo patas arriba. Cuando lo estable, lo inamovible se nos muestra como un edificio sobre arenas movedizas, reaccionamos negándolo. 
   Una voz ancestral me repite que el pene pertenece exclusivamente a los hombres. Claro que se me hace difícil admitir un cuerpo femenino con pene. Es un pensamiento demasiado radical.
  Pero  toca pensar y leer, pensar mucho y leer mucho, porque si no lo hago me dejo llevar por mi deseo tan humano de orden y estabilidad y puedo negar la existencia de otros seres humanos que necesitan urgentemente "existir" 
Ahí está la clave.
   Una parte del feminismo ha iniciado una batalla contra la inclusión de las mujeres trans  en sus filas;  no contra su existencia, claro está. 
  Consideran que la lucha trans debe andar por otros derroteros porque ellas no son objeto del feminismo, ya que el hecho de tener pene las convierte en no-mujeres, en elementos ajenos infiltrados en las filas de un movimiento de mujeres y solo de mujeres.
Consideran que es el hecho de tener vagina y parir lo que ha hecho que la mujer sea sujeto subyugado en el sistema patriarcal y que la falocracia es el problema, por lo tanto las mujeres con pene pertenecen al mundo falócrata, llevan las armas y el gen de la violación en su ADN.

  Las mujeres estériles sufren doble marginación pero nadie niega su "mujereidad" por lo tanto no es el hecho de parir lo que las convierte en sujetos excluídos, Una mujer sin pechos puede sufrir bromas y escarnios pero nadie duda su "mujereidad" Incluso si se ha quemado los organos genitales y no tiene vulva, sigue siendo una mujer.
Ser mujer va más allá de lo que se tiene entre las piernas o en la capacidad de parir. Sería muy simple entender la negación de su existencia como ser social basando solo en la vulva y los pechos.
La mujer es mujer porque no tiene pene. Ahí radica la clave del patriarcado. Seres con pene y seres sin pene. Quien lo tiene manda.
Cuando el feminismo dice que quien tiene pene manda y por eso niegan a las personas con pene en sus filas, está repitiendo el lema patriarcal: el pene decide y divide.

  El hecho de que una mujer transexual haya vivido una parte de su vida como "no mujer" no le impide abrazar el feminismo, Las preguntas que están sobre el tablero son:
¿Las mujeres trans tienen cabida en el feminismo? Y si así es, ¿quiénes? ¿las mujeres trans, los hombres trans, las personas no binarias cuyo género escapa de las dos opciones?
 Y si no tienen cabida ¿por qué no la tienen? ¿qué razones damos las feministas mujeres para excluirlas? 
  ¿El hecho de tener vagina y la posibilidad de parir nos da derechos para excluir a quien quiere formar parte del feminismo y mirar debajo de su ropa interior para darle el salvoconducto? ¿Quién es el sujeto del feminismo y quién no lo es? ¿son los cuerpos el objeto del feminismo? 

 Si el feminismo es una filosofía con una larga tradición de lucha política y social por erradicar el patriarcado, todos los cuerpos heridos por el patriarcado debieran tener cabida en él.

  Pero entendiendo que como filosofía hay corrientes, admitamos que existe dentro del feminismo aquella corriente que no solo incluye a las mujeres sino también a las mujeres trans,  a las personas  no binarias, a los hombres feministas, a las personas que despliegan preocupaciones por la naturaleza, los animales, la conservación del planeta. 
  ¿Se puede entender un feminismo cercenado, empecinado en la vagina y los ovarios?  ¿Tiene futuro este feminismo en un mundo como el actual donde la defensa de la naturaleza es una lucha urgente y esa lucha conlleva la destrucción del Capitalismo y por supuesto el patriarcado? 

 Existen feminismos negros, feminismos marxistas, feminismos descoloniales, latinos, radicales, veganos, ecologistas... y todos son válidos y en absoluto son  la maldición ni la torre de Babel donde todas las personas estamos condenadas a no entendernos.  La lucha común es el fin del patriarcado, algo tenemos para ir de la mano.
 No hay experiencias ni corrientes homogéneas en la filosofía ni la historia. Solo la religión y los fascismos presumen de su unicidad y de su dogmatismo.
   El feminismo está profundamente vivo y como ser vivo experimenta la historia y la historia es dialéctica y a través de la historia ha pasado por diferentes estadios.

  La discusión sobre el género y el sexo ha pasado por diferentes fases, también dentro del feminismo. Antes era el género considerado como una construcción social y el sexo como una construcción natural. y por tanto se diferenciaban en lo  variable del primero y lo inmutable del segundo.  Una de las extrañas ideas que el pensamiento conservador usa como bandera es que la naturaleza es algo inmutable cuando cualquier persona que estudie la naturaleza sabe que no hay nada más dinámico y menos estable que la naturaleza.
 Actualmente entre las cuestiones filosóficas feministas se encuentra la inmutabilidad del sexo. Apoyándose en los avances científicos, se llega a nuevas proposiciones sobe las fronteras entre los sexos que ya  ni son evidentes ni están dadas por una biología dictatorial, libre de toda interpretación. El sexo es también una construcción social  y por lo tanto sus fronteras lo son también. Ahora sabemos, por ejemplo, que el tipo de gameto producido no determina el tipo de morfología y que, aunque es poco frecuente, podemos encontrar personas con arreglos corporales no binarios a las que ahora se nombra intersexuales. El movimiento intersexual no se ha cansado de señalar este hecho y ha buscado dejar en claro que el pensamiento binario no es la constatación de un hecho sino una suerte de presupuesto  falseado que desafortunadamente todavía organiza al mundo y conduce a cirugías binarizantes que vulneran la autonomía corporal de las personas intersexuales.

  El auge de las filosofías post y decoloniales ha llevado a reconocer que diversas culturas comprenden y fundamentan las categorías de hombre y mujer (o de otros arreglos de género) de formas muy variadas. 

 Desde el siglo XIX  se ha cuestionado quién es el objeto político del feminismo. Las feministas marxistas no consideran a las feministas liberales como sujeto del feminismo al aceptar el patriarcado capitalista, las feministas negras no aceptan que el sujeto del feminismo sea la feminista blanca ni creen que deban seguir sus derroteros.  Incluso se llegó a discutir si las mujeres lesbianas eran sujeto del femisnimo.  En todos estos casos se ha debatido y se ha temido que la ampliación del sujeto político del feminismo pueda desdibujar al movimiento, desprestigiarlo o llevarlo por un sendero inapropiado. 
 Nada más contrario a un movjmiento filosófico que pretende cambiar la realidad que anclarlo en ideas fijas y considerar lo nuevo un desprestigio.

El surgimiento del transfeminismo  vino a complicar este escenario pues, en sus versiones más elaboradas, no es solamente una reflexión desde el sujeto trans —transexual, transgénero o travesti— sino que dicha corriente versa  sobre asuntos más profundos, que van a  los límites y las fronteras, sean éstas geográficas, raciales, sexo-genéricas o culturales.
   El transfeminismo aboga por una respuesta a las preguntas planteadas anteriormente, no es nuevo en la filosofía feminista el rechazo al  biologicismo, por lo que resulta sorprendente que determinados sectores del feminismo vuelvan a poner en el candelero un tema viejo y superado. 
  El transfeminismo constituye un nuevo capítulo en esta historia de la constante reescritura de qué es y qué puede ser el feminismo y como todo movimiento nuevo que pretende reescribir lo que se da por sabido y aceptado,  es objeto de sospecha, repulsión y rechazo. 
 Se dice que las personas trans son artificio de la biopolítica, la medicalización y la búsqueda de la restauración de la heterosexualidad en los sujetos que no aceptan los imperativos de género; que el las personas trans rescatan los roles de género y los vuelven identidad, convirtiéndose en un obstáculo para su superación; que reduce el hecho de ser mujer u hombre a un sentimiento, que las mujeres trans son un peligro en espacios de mujeres... Las mismas cosas que se dijeron en el siglo pasado sobre homosexuales y lesbianas a quienes se les acusaba de ser degeneraciones del capitalismo negando su propio relato.
  Hay personas trans heterosexuales, lesbianas, homosexuales, asexuales o pansexuales, no son en absoluto la restauración de la heteronorma  y son ellas las que más han  luchado en contra de la hormonización obligatoria. También han luchado para que las infancias trans tengan agencia para que estas personas al crecer vayan adquiriendo voz . No pelean para que se les intervenga médicamente, sino que se les acompañe y se les dé espacio para crecer y, para que puedan en plena autonomía comunicar a todos quiénes son. Olvidan quienes acusan de reificar que a los sujetos trans también son encasillados por  el género, que se les limita y que en muchos casos son  agredidas y a veces asesinadas por haber roto la norma. Olvidan que las mujeres trans tienen que luchar por abolir la condena a ser objetos sexuales debido a sus cuerpos considerados monstruosos.

 Ser hombre, ser mujer o ser no binario no es un sentimiento, pero se conoce a través de la introspección; conocer a través de la introspección no reduce a un sentimiento como tampoco se reduce la hetero-homosexualidad a un mero sentimiento sólo porque así se autoconoce cada quien. 
 Ser mujer o ser hombre es habitar el cuerpo con cierta orientación hacia el deseo propio y ajeno. Es una orientación en el mundo que siempre será contextual e histórica. 
El cuerpo no es anatomía desnuda, si una persona ama  no es porque un pene desee a una vulva o a otro pene , no en su genitalidad, sino en su corporalidad completa. De allí las sorpresas y fobias que puede desencadenar el deseo ante una persona trans, porque ese deseo falsea cualquier relato de genitalidad.

¿De verdad que las corrientes feministas antitrans creen realmente que son un peligro? ¿Un peligro para qué y para quién?  Son el 0.6% de la población mundial y desde luego que no poseen privilegios en el patriarcado ni son drones que el patriarcado ha metido en el feminismo. 
Todo lo contrario. Están luchando por tener un lugar en el feminismo lo que es luchar por sus derechos, lo que quiere decir están reivindicando cuerpos excluídos del patriarcado, y relatos e historias. 





sábado, 4 de julio de 2020

Felipe y Letizia de tournée

Aquella noche dormí en casa de mi prima. Al amanecer nos despertaron campanadas a muerte. Se había muerto Franco y no había escuela. Teníamos seis y siete años respectivamente y Franco era para nosotras el hombre de la foto sobre la pizarra y el enano decrépito que daba discursos en la televisión de la taberna.
 Mi familia paterna lloró mucho, pero luego se consoló con Fuerza Nueva y luego conAlianza Popular y luego con el PP y luego se dividió su devoción entre PP y VOX. Al Rey no lo querían, ningún fascista quiso jamás al rey del que se reían cuando era príncipe y al que aceptaron porque la palabra "república" les abría las ganas de fusilar.
   Yo no era nada entonces.  Era una niña y tenía mi propio mundo.  Pero en la casa de mi tío Paco, en la televisión en color que se trajo de Alemania, pude ver el entierro del que recuerdo casi nada. De la  coronación de los reyes sí me acuerdo porque la reina llevaba un vestido rosa, muy feo, pero rosa fucsia que era mi color favorito después del amarillo limón.
  Yo no sabía que se estaba acordando a mis espaldas el futuro  el mundo que yo conocía. 

No sabía que un día me haría comunista gracias a un profesor de primero de BUP que se enamoró de mi facilidad para escribir; que dejaría de creer en Dios y en sus instituciones; que un día dos policías blindados me abrirían la cabeza porque quería un mundo en paz;  no sabía que un encantador de serpientes tomaría las riendas del país durante catorce años y que un monstruo acomplejado le sucedería, y que ambos formarían un triunvirato de poder junto a un nacionalista catalán amigo de meter la mano en los bolsillos ajenos. 

 No sabía que todo esto sería posible porque se había acordado el retorno de la monarquía, el entierro de la república y sus valores de libertad e igualdad, y  se había firmado  la "omertá" en cuanto a la figura de la familia real para  conseguir que la amasemos.  No sabía que se había amarrado para siempre el pensamiento de izquierdas y que ya no volvería jamas. 

Decían que el rey era muy campechano y la reina muy buena, que las infantas eran modosas y el niño un  príncipe de cuento. Se decía que la familia real había traído la democracia y que no aceptar a la familia real era ser un meteinfiernos. 

   A mí no me gustaban los reyes, por instinto. No me gustaban, como no me gustaban las serpientes. Algo que una no podía explicar porque entonces yo no podía saber que el rey supervisaría todos los asuntos políticos del país durante treinta años, que  acordaría la defenestración de Arias Navarro, el hombre que lloraba por la muerte de Franco; que nombraría a Suárez, su cachorrito de la falange;  que acordaría la legalización del PCE con un Carrillo domesticado y grácil; que sería el elegido cabecilla del 23F pero que pasara lo que pasara él se salvaría; que conocería a lo que se iban a dedicar los GAL y lo que se acordaría con ETA, que apoyaría la Guerra de Irak y  que sería mucho más poderoso de lo que la Constitución le permitía y que esa misma Constitución lo blindaría como un nueva dictador, un dictador sutil, de rostro amable, con ciertas formas democráticas bajo las cuales bullíría una clandestinidad de sobornos, robos, camarillas y despachos.
  Yo no podía saber que ese hombre campechano, que ni pinchaba ni cortaba, objeto de chistes y chascarrillos, vivía como un ganster apoyado en el ejército franquista, los tribunales franquistas y los servicios de inteligencia franquistas convertidos de la noche a la mañana en democráticos, y encargados de acorazar su  existencia y de convertirlo en el hombre mejor informado del país. 
 El pánico del pueblo a una nueva guerra civil fue el colchón en el que durmió bien el monarca sus primeros años de reinado.
 Cómo iba yo a saber que el tiempo y quién sabe qué otros tejemanejes lo irían desgastando y que las mismas camarillas de poder se encargarían de ir filtrando el basurero que era la Casa Real, sacando a la luz vicios del monarca, ni nuevos ni desconocidos, pero siempre escondidos. 

  La guerra era  ya algo lejano y la resurrección de la antipatía a la monarquía ha sido siempre un fantasma recorriendo los palacios. El  rey pediría disculpas y nos dejaría a su hijo. 

 No podía saberlo pero como en esas fotos en que nos miran los antepasados sin saber que existimos, aquellas campanadas a muerte traían toda esta historia. 

    Nos presentaron al hijo como el ángel incontaminado dentro de un lodazal. el ser inmaculado dentro del burdel, el chico bueno casado con plebeya, el inocente entre los inmorales. 
Entre  los avatares de un país destrozado se le recomendó quedarse en casa y hacer el menos ruido posible.  La revista Hola le hizo reportajes íntimos en los que se nos presentaba como un tipo normal, uno de nosotros solo con mejores muebles y la casa más grande. 

  Pero en  medio de un país asustado por una epidemia, algo que ya se creía medieval, temeroso del empobrecimiento  y de los jinetes del Apocalipsis, cuyo galope parecía retumbar sobre las calles desiertas, nos enteramos de lo que sabíamos, que el padre era un delincuente y que el hijo heredó el arte del crimen. 

 Con lo a gusto que está la familia con sus niñas y su jardín y los sacrificados  reyes han tenido que salir de tournée, pero París bien vale una misa. 

   Se han puesto las ropas más baratas, Zara y Mango, y se han echado a los barrios paupérrimos, a apoyarse en las barras, a probar helados, a hablar con la miseria para salvar el pellejo. Una prensa servil y rastrera va contando la crónica del espectáculo. Bravos y vivas se escuchan desde la platea, baños de masas y  gloria a la monarquía. 
Los silbidos del gallinero no interesan por ahora. Hay que mantener el vodevil como sea, a costa de lo que sea...