sábado, 30 de mayo de 2020

Su padre fue un terrorista, señor Iglesias


En estos días hemos visto a los privilegiados gritar libertad para ejercer sus privilegios, los hemos escuchado cantar canciones libertarias, actuar en performances como epígonos del movimiento hippie, muy ibicencos, muy ideales en su rebeldía de cacerola y chacha y los hemos tolerado.
 Tantos años de transición modélica nos han convertido en gente "tolerante".
Hemos escuchado la voz de la aristocracia en el Parlamento llamando terrorismo a la resistencia, tratando de asesinos a los que lucharon por la Libertad, sí Libertad con mayúsculas para distinguirla de ese engendro que acompañaba el tintineo de la bateria New Platinium en el barrio Salamanca; pero lo más peligroso que nos ha sucedido es que hemos asistido  al espectáculo del último desfalco de los poderosos: el de las palabras.
Es lo más peligroso que podían robarnos, las palabras, y lo han hecho sin pudor porque saben que las palabras son las que nos cuentan la historia, las palabras forman los relatos y nada hay fuera del relato, ya nos lo dijo Derrida.
   Estos pijos de la sartén y el cucharón vienen a escenificar en la calle el revisionismo histórico, esa corriente conservadora que  viene a robar los relatos de la historia.
  Es cierto que todo historiador debe ser un revisionista, un iconoclasta dedicado a desacralizar mitos y cuestionar interpretaciones aceptadas a la luz de nuevos datos o nuevos análisis, pues la Historia es una ciencia y como todas las ciencias es enemiga del inmovilismo. Pero el revisionismo es en la actualidad un movimiento de la historiografía y periodismo de derechas que niegan o matizan las pruebas sobre el Holocausto por ejemplo, o en el caso español viene a blanquear el franquismo.

 Me centraré en el  revisionismo histórico español que es el que se nos está haciendo calle y Parlamento estos últimos días. 
  Este revisionismo no ofrece nuevos análisis basados en un trabajo de archivo o de memoria histórica, sino más bien es una vaga reactualización de viejas propagandas. Historiadores del bunker franquista vienen con sus datos, su saber superior, sus investigaciones, su formación y sus bibliotecas inmensas en las que posan para dar credibilidad a sus revisiones, a meter nuevos libros de historia en las escuelas.

Esta ofensiva  no es nueva, comienza en el año 2000 con la victoria electoral del  filo-franquista Partido Popular por mayoría absoluta. Con el control ilimitado de las instituciones se replantearon toda una serie de políticas ideológicas y morales que afectaban especialmente a la historia reciente todavía viva: Un nuevo relato de  Guerra Civil y la victoria de los nacionales con la imposición de un régimen dictatorial durante 40 años,
  El PP, la Faes, la iglesia, la COPE ,Libertad Digital, ABC, El Mundo y varias editoriales se lanzaron a revisar la Historia y alabaron y pagaron al gran historiador del revisionismo Pio Moa, dándole legitimidad como historiador
 Según Pio Moa la Guerra Civil es un inmenso error colectivo, el rebrote de un cainismo español genético. por lo que las responsabilidades son compartidas al cincuenta por cien aunque el señor Moa prefiere dedicar más páginas a las atrocidades republicanas. 

   Vuelvo a la aristocracia que hoy llama terrorismo a la resistencia. Su formación histórica viene de la lectura voraz de Moa  y por tanto de la ignorancia, con interés de clase, de  la existencia de diferentes violencias. La violencia republicana fue una repuesta al alzamiento y fue espontánea, individual o colectiva y en cuanto el gobierno republicano en las zonas que conservó reimpuso el orden, la violencia  cayó en picado; mientras  en la zona de los sublevados no fue una violencia espontánea o incontrolada, sino una violencia institucional, dirigida desde el nuevo Estado franquista y duró los años que duró el franquismo.
Los aristócratas del Parlamento no han estudiado la  diferencia esencial entre la violencia individual o de grupo y la violencia estatal o institucional, ni las razones que empujan ejercerla.
Una de las características del supuesto revisionismo español es  precisamente la inversión de discursos.  Lo que llamo el  robo de las palabras. Los argumentos, incluso los referentes morales o filosóficos utilizados por la izquierda para denunciar las distorsiones franquistas sobre el pasado se invierten en el revisionismo y se movilizan contra la izquierda, incluso generando una teoría de la conspiración sobre la violencia no contada de los rojos, como si esta historia de las atrocidades rojas no hubiese sido la historia de los libros de texto durante 40 años.
Para ser creíbles los revisionistas y especialmente Pio Moa nos embaucan con una supuesta imparcialidad, que no es más que una trampa relativista: no niegan la violencia de los nacionales, la violencia en una guerra implica a todos y  por lo tanto todos tienen derecho a enjuiciar al otro. desde su bando y sus principios.
  También usa  balances comparativos de atrocidades para quitar culpabilidad , y sobre todo usa la descontextualizacion histórica, lo que le quita cualquier cualidad de historiador. En todas las
guerras se cometen barbaridades, dice Moa, como si la guerra no tuviese una dimensión ética.
No señores del PP, de la FAES, de la iglesia, de la COPE, de ABC, del Mundo, de Libertad Digital: La violencia de los FRAP durante el franquismo no es equiparable a la violencia de cualquier grupo terrorista en democracia, una guerra de defensa de la democracia no es lo mismo que una guerra de conquista o una guerra contra la democracia como la que siguió el fallido golpe de julio del 36 contra el Estado republicano. 
TODA VIOLENCIA TIENE UN CONTEXTO. No es equiparable la violencia de Minneapolis con la del Ku-Klux-Klan.
 No permitáis que los "intelectuales " de la contraofensiva de la derecha y su replanteamiento de las tesis del neofranquismo sobre la Guerra Civil os nublen el entendimiento.
Es una trampa, un robo de la palabra, la historia es una ciencia que nos lleva al pasado para decirnos quienes somos y lo que pensamos ser. .
Nos toca a los historiadores y los estudiosos de la historia delatar a los tramposos y sus intentos de distorsionar la historia ya sea en los libros o en el Parlamento

domingo, 24 de mayo de 2020

"¡Vivan las cadenas!"




"¡Vivan las cadenas!"

En 1814 el absolutismo español pide la vuelta del rey Fernando VII del destierro después de la Guerra de la Independencia contra los franceceses y la caída del rey José Bonaparte ( que pudo haber sido un buen rey, pero es este otro tema)

El pueblo se lanza a la calle, supuestamente de forma espontánea, para recibir al rey absolutista.


Encabezaban las revueltas señoritos y aristócratas en sus carrozas. Ebrios de triunfalismo desengancharon los caballos para sustituirlos por personas del pueblo que tiraron de ellas al grito de "¡Vivan las cadenas!"

Con la famosa frase se pretendía justificar la decisión del rey de ignorar la Constitución de 1812 y el resto de la obra legislativa de las Cortes de Cádiz para gobernar de nuevo como monarca absoluto, manteniendo el Antiguo Régimen con sus tres estados inamovibles, la aristocracia, el clero y el pueblo. Los dos primeros comen y se divierten en sus palacios y los últimos sostienen con su trabajo y miseria la inmutabilidad social.

Con la vuelta del rey felón se inicia uno de los periodos más oscuros de la historia de España, solo interrumpido por el golpe de Riego que dio paso al Trienio Liberal.

En 1823, cuando los Cien Mil Hijos de San Luis acabaron con cualquier intento renovador se inició uno de los periodos más oscuros de la Historia de España, la llamada Década ominosa y en este periodo siniestro, la frase conoció dos adaptaciones a las nuevas circunstancias: '¡Vivan las cadenas y mueran los negros!' (los liberales eran llamados negros por el absolutismo) y '¡Vivan las cadenas y muera la nación!', ya que "nación" era una palabra liberal asociada a conceptos como soberanía nacional, milicia nacional, bienes nacionales, etc.

Que la aristocracia saliera a defender lo suyo, sus privilegios, en el periodo del fin del Antiguo Régimen. preocupados por el vendaval que se veía venir de la Francia revolucionaria, era algo absolutamente natural, aunque alguno hubo con cerebro; pero que los desgraciados sans-culottes trotaran harapientos desdentados y felices haciendo de bestias de carga es algo mucho más terrible, porque no solo se degradaron a sí mismos sino a la esperanza en el futuro del país.

Ayer vimos a idiotas del cubatilla y el eructo, a castigadores de la parienta, a dependientasy marujas fartuscas, a pechopalomos de discoteca, a parados de solana, a majaras y papafritas escoltando los brillantes descapotables de los señoritos y gritando Unión Nacional..

Lo de Espinosa de los Monteros, el aristócrata prebelicao como cuando ganó España el mundial. es solo una parte menor del sainete

Pero ahora es peor porque antes tenían a Goya y ahora lo cuenta la Sexta y Antena 3.

sábado, 23 de mayo de 2020

23 mayo 2020, el fascismo en la calle.



Aplacar las vísceras cuando ves a los privilegiados gritando "unión nacional", envueltos en la bandera que según la Constitución representa ta todos los españoles, convirtiéndola en símbolo del fascismo español; cuando miras a los toreros en sus mansiones y sus grandes fincas escribiendo con faltas de ortografía y pidiendo que el gobierno se ocupe de la cultura porque el toro es cultura; cuando escuchas a los empresarios decir que no aceptan que se retire una Ley de Reforma Laboral creada por un gobierno ignominioso y ladrón contra el pueblo, y lo hacen pretendiendo dar un tinte moral a su discurso, usando un partido político de izquierdas y vasco para resucitar a ETA de entre los escombros; cuando oyes a los nuevos líderes políticos del parlamento hablar de moros malos, de feministas contagiadoras de pandemias; cuando ves las colas de paisanos esperando horas para recoger una bolsa de comida; cuando escuchas a locos gritando sus verdades absolutas a traves de Youtube; cuando lees una prensa que ha dejado cualquier intención de informar mediante la búsqueda de la verdad de los hechos para manipular a los desesperados y usarlos como refuerzo en el grito "Vivan las cadenas" ... aplacar las vísceras es muy difícil, un objetivo que requiere leer a Marco Aurelio en silencio y en soledad, mucho más difícil para las personas que nos tomamos la vida con pasión, y sin embargo, ahora más que nunca ,dominar esas entrañas que se revuelven y rabian es una obligación respecto a una misma y respecto a quienes necesitan serenidad para organizar el caos en el que, concienzudamente, nos están metiendo. Se han tirado al fango y nos esperan en el fango, pero no vayamos, usemos la palabra con todo su poder asesino y demoledor, y mediante la palabra organicemos y respondamos, y mediante la palabra dirijamos las pisadas o las zancadas, los caminos y las metas; no la abandonemos jamás porque solo la palabra con todas sus posibilidades, la conversación, la tertulia, el diálogo, el encuentro aplaca esas vísceras que están buscando para convertir este país en una ciénaga


Y en principio fue el verbo, nos cuentan los mitos, el logos, uno de las palabras más importantes en la formación de la actitud racional del mundo.: el pensamiento, la razón, el habla, el discurso, el concepto, la palabra, el conocimiento...

Recurramos al logos como la herida al tratamiento médico o nos vamos a pique en la barca de los locos.

jueves, 21 de mayo de 2020

Reflexiones sobre los abanderados de Salamanca.



Vivimos inmersas en el todo, necesitamos la luz del sol, el aire, el agua y el alimento. Todo pasa por nuestro cuerpo y vuelve a la naturaleza, y un día será nuestro cuerpo el que se convierta en aire, agua y comida. El día en que ya no haya consciencia de ser, seremos pero de otro modo.
  No podemos vivir fuera de nada, desde el momento en que tenemos que respirar y comer. somos dependientes de todo. Respiramos partículas de aire que respiraron los egipcios del tercer milenio antes de nuestra era, de las griegas que paseaban por la Acrópolis y los esclavos que remaban en las galeras; todavía quedan restos de orina de dinosaurio en el agua que bebemos, y en nuestro miedo permanece el miedo de las criaturas de las cavernas a los gritos y aullidos en la noche.
 
 No podemos ser seres completos estando aislados y no se puede disfrutar un momento de felicidad sin estar completo. Toda nuestra felicidad como seres envueltos por esa gran ola que fue la vida y que se inició casualmente hace millones de años, depende del equilibrio de afuera, de saber que hay sol, aire y agua para todos, porque las otras criaturas son parte de ese todo en el que estamos inmersos.
Cuando comenzamos a acumular mercancías y a arrebatarlas a otros construimos un muro entre nosotros y los demás, al separarnos de lo que somos creamos una creciente insatisfacción vital que pretendemos llenar con más objetos y eso nos lleva a fortificar el muro porque tenemos miedo a que nos quiten nuestros objetos. Aislados de nuestra esencia nos convertimos en seres desgraciados y esclavos lo que nos convierte en crueles contra los que están al otro lado del muro.
Nos reímos de los que hoy gritan en las calles ricas de Madrid porque son ridículos porque por salvar una vajilla de plata pueden matar a mil de su especie  y no hay nada  más grotesco que matar por tener piedras de colores,  nos reímos porque se desligaron de esa gran y magnífica ola que es la vida y que nos lleva a todos hacia el infierno o la gloria, pero nadie escapa de sus dictados.


Nota: Uso el masculino genérico por cuestión de estilo pero cuando lean nosotros deben entender que en nosotros hay MUJERES.

martes, 14 de abril de 2020

Literatura y epidemias: Saramago "Ensayo sobre la ceguera"


Las fotos que se comparten en las redes sociales sobre ciudades despobladas con grandes avenidas desiertas y calles silenciosas, en algunas de las cuales se han atrevido a adentrarse animales a la búsqueda de alimento o movidos por la curiosidad; nos traen a la realidad escenarios que solo habíamos imaginado leyendo novelas o visto en el cine.
Milán, Nueva York, Madrid, Barcelona, Roma, Londres son hoy ciudades fantasma, lugares distópicos donde todos lo sueños de la humanidad parecen haber colapsado. 
Muchos páginas han surgido del relato de pasadas o hipotéticas futuras epidemias. Me vienen a la cabeza el Edipo de Sofocles que nos muestra una Tebas asolada por la enfermedad, (las fiebres tifoideas que devastaron Atenas, según estudios científicos posteriores) el Éxodo bíblico que describe el horror de las plagas enviadas por Dios sobre Egipto; en El decamerón Boccaccio dibuja una Nápoles asolada por la peste bubónica mientras un grupo de privilegiados huye a una mansión del campo donde creen que se mantendrán a salvo de la enfermedad;no les puede alcanzar ; el mismo esquema seguirán Los cuentos de Canterbury sobre el escenario de la peste en Londres, tema tratado también por Daniel Defoe; también Camus toca el tema de la peste en su novela homónima, pero una peste contemporánea en una ciudad semejante a las que vemos hoy; La máscara de la muerte roja de Allan Poe se centra en un grupo de burgueses que danzan disfrazados tratando de no ser encontrados por la enfermedad que supone la muerte; el protagonista de Muerte en Venecia de Tomas Mann va tomando conciencia, junto a su dilema personal con la belleza represetnda por el joven Tadzio, de los cambios que se van produciendo en la ciudad debido a la llegada del cólera; también Yan Lianke nos narra la llegada de una terrible epidemia a la aldea Ding donde unas espantosas fiebres hacen caer a sus habitantes como hojas de un árbol y Saramago en su Ensayo sobre la ceguera del que trata este artículo tocará de un modo magistral la condición humana durante una epidemia . 
La novela nos transporta a una ciudad en donde una extraña enfermedad, una ceguera blanca, muy contagiosa, se extiende de un modo misterioso e incontrolable. La ciudad no tiene nombre, solo es el escenario de la tragedia que viven los personajes afectados por la dolencia. Tampoco los personajes tienen nombre, porque la enfermedad ha robado cualquier rasgo individual o personal convirtiéndolos a todos en ciegos.
También nosotros tenemos un paciente cero sin nombre: un hombre en un mercado chino, un inglés de vacaciones en Valencia, un alemán, un grupo de esquiadores en Austria, un turista en Milán y cuando el virus se extiende los enfermos pasan a ser la los contagiados, los contaminados o los infectados; somos los viejos vulnerables, los jóvenes seguros o la población de riesgo. Nuestra posición en el mundo se reordena de acuerdo con la agresividad del virus. 

La novela comienza en un semáforo en rojo en donde un hombre espera junto a otro grupo de automovilistas, en una mañana que parece normal como cada mañana, hasta que el semáforo se pone verde y todo cambia. Empieza la historia.
El hombre no arranca el coche ante el enfado de los otros conductores. Alugnos de ellos salen de sus coches y se acercan para ver qué sucede y entonces descubren la verdad: el hombre se ha quedado ciego. 
Las reacciones son el enfado porque el incidente impide que la vida continúe su ritmo normal; la condescendencia, personas que le animan buscando explicaciones absurdas del tipo "serán los nervios" para confortarlo y , sobre todo, la indiferencia. 
Cuando supimos que el paciente cero estaba en China no nos importó, no nos podía afectar ni cambiar nuestra normalidad. Somos una sociedad acostumbrada a la indiferencia, miramos sin preocuparnos como se derrite el hielo del Antártico, como bombardean países y sus habitantes se ahogan en el mar y cerramos nuestras puertas a quienes huyen de la miseria. La indiferencia con la que el mundo recibe la ceguera es la misma con que nosotros miramos al paciente cero y escuchamos las noticias que nos llegan de la lejana China. Incluso hacemos chistes racistas sobre el virus y los chinos. 

El hombre acude al médico, quien no encuentra una razón para la repentina ceguera y queda fascinado por el caso. El médico representa la ciencia que se muestra más interesada en la investigación de un nuevo virus que en la situación del enfermo. 
Pero todo cambia de un modo radical cuando al día siguiente el médico, los automovilistas que estuvieron cerca del ciego y los pacientes que estaban en la consulta mientras el paciente cero esperaba, advierten que se han quedado ciegos.
La sociedad asustada por el contagio los aísla, los encierra en un edificio medio en ruinas que fue un antiguo manicomio. Dos metáforas de la degradación y la locura que les espera en el confinamiento.
El coronavirus ha convertido estornudar en una agresión o dar un paseo en un ataque criminal. Nadie quiere formar parte de los contaminados. Todos quieren ser los normales, aunque no tengan nombre y sean personajes dentro del escenario de sus balcones: El que corre, la que saca el perro de madrugada, el que canta, el que cuenta chistes, el personal sanitario, los empleados de los supermercados o los que desinfectan quieren seguir perteneciendo a la cotidianidad de ayer aunque eso ya es imposible.

Los ciegos encerrados reciben alimentos que el gobierno les proporciona con la esperanza de que todo pase, es decir que se curen o se mueran, y la vida vuelva a su curso de siempre.
Es lo que todos deseamos, por eso estamos confinados, atendiendo órdenes humillantes de un estado de alarma que socava la dignidad humana. Acatamos cada día de encierro a la espera de que la vida vuelva por sus derroteros para empezar a construir el futuro; que se cure quien se tenga que curar y se muera quien se tenga que morir. 

En el manicomio comienza a emerger una sociedad nueva alejada de toda regla de comportamiento ético. Se forman dos grupos: uno en el que se encuentra la mujer del médico que es la única persona inmune a la enfermedad y que se hace pasar por ciega para ayudar a su marido, recayendo sobre ella la responsabilidad de ser los ojos de una sociedad ciega y de salvar la historia para la posteridad, y otro grupo, mucho más agresivo y malvado, que no duda en usar la violencia para acaparar los alimentos.
El primer grupo solo quiere comer pero el segundo quiere apoderarse de todo cuanto sea posible, no solo para comer sino para especular con la necesidad.

Hemos visto estantes vacíos en los supermercados, gente en largas colas para llenar los carros de productos de primera necesidad en un ataque de pánico a la escasez, sin preocuparse por la carencia que provocan a quienes vengan a comprar después. Hemos visto como el miedo acaba con el sentimiento colectivo y surge un individualismo egoísta. Comerciantes que disparan los precios de productos acuciantes para la protección de la población, productores que acaparan material, países que requisan aviones al paso por sus fronteras, empresarios que llaman a los periodistas para anunciar que van a donar una miseria en comparación con lo que van a ahorrar en impuestos por su buena acción. 
También la epidemia del coronavirus ha dividido el mundo entre los que solo quieren comer y los que quieren hacer negocio, exactamente como nos lo cuenta magistralmente Saramago.

Poco a poco, a medida que la plaga se extiende, los ciegos se van hacinando en el edificio y la sociedad nueva que han creado, sin más regla que la supervivencia, se va haciendo más violenta y degradada hasta llegar a la pérdida total de la dignidad. 

Hasta que, agotados por el denigrante encierro que les ha convertido en bestias, los ciegos del manicomio deciden salir a pesar de arriesgar sus vidas y la de los demás. L que encuentran es un mundo post-apocalíptico en el que todos están ciegos y la maldad y el egoísmo rigen los comportamientos. 

Una vez fuera de esos días de confinamiento todos seremos ciegos, deberemos llevar máscaras, no podremos reunirnos con amigos, ni hace protestas por nuestros derechos, porque el derecho de reunión seguirá suspendido y aunque todos esperamos regresar a la normalidad, sabemos que esta ya no puede llegar porque el virus la destruyó. 
El virus se irá como se fue la ceguera , pero nos quedará el miedo al futuro, que es esa ciudad de los ciegos de Saramago donde todos saben, a pesar de ver, quienes son, lo que pueden llegar a ser y que un día cualquiera alguien no podrá arrancar su coche cuando el semáforo se ponga verde.

Hemos sido cosificados mas que nunca con el virus, hemos sido privados de nuestra libertad, hacinados, encerrados, tratados como reclusos y cuando hemos salido a pasear hemos aceptado ser controlados, por la policía, increpados por los vecinos, observados ojos que enloquecen tras las ventanas. Hemos perdido nuestra dignidad, , hacinados en salas de pesadilla, enfrentados solos a la muerte. Decía una enfermera que los cadáveres son lavados con lejía y metidos en cajas sin nombre.  
De este mundo saldrá algo nuevo. Hay un sentimiento de fin de un tiempo, los economistas hablan de ritmo rápido de la historia, del fin del neoliberalismo, los científicos de una oportunidad para salvar el planeta del aniquilamiento, los gobiernos hablan de esfuerzo, y mientras tanto soplan fuerte los aires del noefacismo: la ciudad salvaje de los ciegos acecha y de nosotros depende en este periodo histórico más que no sea cierta esa frase terrible que nos deja Saramago en su magnífico Ensayo sobre la ceguera. 

martes, 14 de enero de 2020

El bosque




Hoy he paseado por el bosque  en silencio, mirando y escuchando.
  Y  me he acordado de aquel hombre ruso, Grisha Perelman,  que vivía en su pequeña casa junto a un bosque por el que caminaba todos los días. Cuando no estaba en su bosque, estaba jugando con las matemáticas  y allí entre otras cosas resolvió la Conjetura de Poincaré,  propuesta un siglo antes.  Pero en lugar de llamar a las grandes instituciones y dar discursos después de los premios y las medallas, se limitó a colgar su solución en una revista científica de internet. Gratis y generosamente. No estaba interesado en la fama ni en el dinero. Este es el prototipo de persona libre.
Un bosque y una pasión no puesta en el otro sino dentro sí mismo  y por lo tanto,  en el todo.
    La felicidad está ligada a ese todo, solo se puede ser feliz en una armonía con el todo. Quien rompe con ese equilibrio destruye toda posibilidad de ser feliz.
 Los millonarios, que levantan muros y  se aíslan de los demás seres humanos e incluso los aniquilan si es necesario, no pueden conocer la felicidad. Solo pueden comprar cosas caras. Su frustración crece como sus cuentas bancarias.
 Cuando uno de estos seres a medias aparece pavoneándose por que puede tener "todo", no ha entendido nada. Ese todo es algo de lo que él mismo se han sustraído. No  pueden tener el bosque de Perelman aunque lo compre.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Viaje a Marte







Aquel invierno no tuvimos nieve,
las montañas permanecieron negras
y los cielos pardos.
Llovió casi todos los días,
las nubes venían en feroces falanges,
y soplaban furiosos los vientos
Los árboles resistían 
porque soñaban con la primavera.
Regresó el fascismo aquel invierno,
con sus manos de hielo, 
y le construimos un palacio
con puentes levadizos, 
con profundos fosos y 
oscuras mazmorras. 
Quizá porque como los árboles
creíamos que abril aún existía.
Aquel invierno unos millonarios
organizaron el primer viaje a Marte
en una nave con todos los lujos. 
Se celebró la Navidad
como si no pasara nada.
Las ciudades se llenaron de lucesy en el "hall" del Kempinski Hotel Bahía
se decoró un árbol con diamantes, 
mientras los locos bailábamos
sobre la acerada hoja de un cuchillo.
Aquel invierno yo estaba viva
y escribía versos al filo
de la belleza.
Mirando la niebla. 
Mirando las ruinas.
De eso hace hoy,
exactamente,

ciento doce años.